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Cultura

La criatura del Dr. Frankenstein cumple 200 años


Mary Shelley gestó su mítica historia en el verano de 1816 y la novela fue publicada por primera vez el 1 de enero de 1818.

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Mary Shelley tenía tan solo 18 años cuando escribió la novela considerada hoy en día como la madre de todas las historias de terror: Frankenstein o el moderno Prometeo. Su primera edición se publicó de forma anónima en Londres hace 200 años, el 1 de enero de 1818.

La escritora británica, cuyo nombre de pila era Wollstonecraft Godwin, no era precisamente el tipo de hija paciente que esperó a que su padre le arreglara un buen matrimonio tras la temprana muerte de su madre, una defensora de los derechos de la mujer.

En 1814, cuando apenas sumaba 16 años, inició una relación con el poeta Percy Bysshe Shelley, que estaba casado, y tuvo con él una hija que falleció a los pocos días de nacer. Aunque se casaron dos años después, tras el suicidio de la primera mujer de Shelley, la alta sociedad de la época siempre la miró con recelo por su defensa de las relaciones abiertas y su predilección por discutir con los hombres.

Unos meses antes de contraer matrimonio, la pareja viajó en verano a Ginebra a visitar a otros dos británicos que, debido a sus amoríos, escándalos y deudas contraídas por el juego habían puesto tierra de por medio con su país: el ya entonces famoso poeta Lord Byron y su médico y también escritor John William Polidori. Ambos vivían en Villa Diodati, junto al lago Lemán, y los futuros Shelley buscaron casa cerca de allí junto a la hermana de Percy, Claire.

Verano gótico

Aquel 1816 fue un “año sin verano”, pues la erupción del volcán indonesio de Tambora el año anterior había cubierto el mundo de una nube de cenizas que apenas dejaba pasar los rayos de sol. En Europa reinó el tiempo frío y lluvioso y los cinco se aburrían mortalmente hasta que a Lord Byron se le ocurrió una idea: que cada uno ideara una historia de fantasmas para contársela al resto.

Mary se tomó su tiempo, pues quería lograr una experiencia terrorífica total. “El lector no debería atreverse a apartar la mirada, pues la sangre correrá torrencialmente por sus venas y el latido de su corazón se acelerará”, escribió en el prólogo. Y así fue como, tras una pesadilla nocturna, creó a Frankenstein y su monstruo.

Entre sus fuentes de inspiración figuran los experimentos de Luigi Galvani y su teoría del galvanismo, que por aquel entonces era muy seguida entre determinados sectores. Según esta, el cerebro produce electricidad que se transfiere mediante los nervios a los músculos para generar el movimiento. A partir de ahí, se llegó a experimentar con cadáveres con el fin de sanar enfermedades mediante la electricidad e, incluso, revivir a los muertos.

La novela que la futura Mary Shelley gestó aquel verano giraba en torno al estudiante de medicina Víctor Frankenstein que, en su afán por desentrañar los secretos del alma humana creó un monstruo a partir de distintas partes de cadáveres. “La repugnancia y un vertiginoso espanto se apoderaron de mi corazón cuando fui consciente de la criatura que había creado”, escribe la propia autora. Pero aunque este tiene instintos asesinos movidos por la rabia y el odio, alberga un sufrimiento muy humano.

La teoría de que Shelley pudo inspirarse en el castillo de Frankenstein, situado al sur de la ciudad alemana de Darmstadt, sigue siendo hoy en día cuestionada. Según el experto Gerald Axelrod, se debe a un grupo de soldados alemanes que, en los años 50, produjeron allí un programa de televisión para Halloween en el que aparecía el monstruo. Desde aquella primera conexión, las fiestas de Halloween en el castillo siguen siendo un imán para los turistas.

El lago LemÁn

“Nací en Ginebra. Mi familia es una de las más ricas de la ciudad”, comienza la narración de Shelley sobre Víctor Frankenstein, que en muchos aspectos se parece a su entonces amante Percy. La novela avanza a través de las cartas que escribe a su hermana el capitán de un barco británico que encontró el cadáver de Frankenstein en el Ártico cuando el médico había decidido buscar al monstruo para ponerle fin.

Shelley incluye en la trama numerosos escenarios inspirados en los alrededores del lago Lemán, como la plaza de Plainpalais de Ginebra, donde hoy en día se erige una estatua de dos metros del monstruo. En un cementerio cercano, Frankenstein se topó con la criatura que había creado tras la huida de esta. Y otro de sus encuentros también tuvo lugar en la pequeña y gélida localidad de Chamonix, a 80 kilómetros de Ginebra y a los pies del Mont Blanc.

Tras su publicación, la novela fue en un principio destrozada por las críticas, pero la idea cuajó: los teatros comenzaron a realizar montajes con la historia de Frankenstein que popularizaron su éxito y en 1910 se filmó la primera película muda sobre la historia. La famosa imagen del monstruo fue creada en 1931 por el cineasta James Whale con el actor británico Boris Karloff como protagonista. Al parecer, se inspiró en un cuadro de 1799 de Francisco de Goya, según documenta Axelrod.

 

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