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Cultura

Poesía de Gloria Hernández


La autora de libros como Sin señal de perdón y Ojo mágico, regresa con un libro de poemas, La sagrada familia.

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Escrito entre Praga y la ciudad de Guatemala, La sagrada familia, recuento de poemas de la escritora Gloria Hernández, es “un paseo por las ruinas, en donde presencias y recuerdos yacen amontonados, testimonio de un mundo que habitamos y que no termina de desmoronarse ante nuestros ojos. Búsqueda del padre, búsqueda de los orígenes por calles y laberintos demasiado familiares, demasiado extraños”.

Conocida por sus libros de relatos Sin señal de perdón e Ir perdiendo, además de una serie de libros para jóvenes y niños, entre ellos la novela Ojo mágico, Hernández regresa con un libro revelador, una fina indagación en el lenguaje y su capacidad de redimirnos.

Publicado por la editorial Magna Terra, La sagrada familia  se presenta hoy martes 1 de marzo, a las 18:00 horas, en el Fondo de Cultura Económica.

¿Para qué sirve la poesía en los tiempos que corren?

– En este y en todos los tiempos, creo que la respuesta es la misma: profundizar en nuestra esencia humana, afirmar la conciencia de ser; manifestarnos en el más puro acto de fe. Pero pensándolo bien, todo esto no tiene mayor sentido en estos días.

Este libro surge en Praga, frente a la ventana de Franz Kafka, ¿fue un accidente o una revelación?

– Praga funcionó para mí como un paraíso personal. El descubrimiento fue una sensación que combinó la libertad, la belleza y la plenitud. Casi sin querer, mi cuaderno se fue emborronando de ideas, sentimientos y una nueva versión de unos poemas que ya había escrito antes y había quemado. No hice la ruta del turismo en la casa de Kafka, ni siquiera entré porque sentí que él ya no estaba ahí… Me quedé con sus callejuelas, con su barrio, con sus Cartas a Milena y con su Ciudad Pequeña.

¿Cómo se llega a la poesía?

– No sé cómo funciona para los demás, pero yo intenté llegar por la ruta de la paciencia y la humildad para visitar los más recónditos paisajes internos. Para verme como realmente soy. En este intento descubrí que la poesía siempre está ahí, un jardín interior en cada uno de nosotros, resguardado por nuestros latidos. La poesía es el juego más serio que podemos jugar.

Buscar en la infancia, en los orígenes, en la memoria de lo que fuimos y somos ¿es una manera de luchar contra el olvido?

– Es un paso más allá. Para mí, revisitar la infancia funciona como renacer. Y renacer implica poner en juego la voluntad: tomar la decisión de no rendirnos y hacernos cargo de nosotros mismos, de quienes fuimos, somos y de lo que queremos ser.

Escribir ensayo, novela, cuento, literatura infantil, poesía, ¿por qué variar de registro?

– Cuando el juguete primordial es la palabra, la búsqueda no discrimina las maneras de jugar. Cada momento y cada sentimiento exigen una forma determinada y un estado de alma particular.

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