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Columnistas

Louise Glück habitando el silencio

opinion

Lado B

Es una buena noticia que la poesía emerja en tiempos que huelen a distopía. Algo se está derrumbando, afuera o adentro de nosotros mismos, aunque no tengamos conciencia exacta del desastre. La literatura, lo queramos o no, ha dejado de ser esa reserva moral que guardábamos para los momentos de crisis, esa luz que nos guiaba en medio del túnel, esa dosis salvadora de belleza y de consuelo que ayuda a resistir y a seguir adelante. Vivimos en un mundo en donde, a pesar de una cantidad inconmensurable de versificadores, la poesía se ha vuelto escasa. En donde los poetas, los verdaderos, aquellos capaces de transformar la realidad y transformar la vida mediante la palabra, viven aislados en una especie de cuarentena perpetua, para hablar en términos que se nos han vuelto familiares.

Bueno, se agradece entonces que la Academia sueca haya  reconocido este año con su máximo galardón a la poesía y con esto, haya rescatado a una de las poetas más significativas de la tradición estadounidense.

Hasta el jueves pasado, Louise Glück era una poeta casi secreta, al menos en términos de difusión fuera de Estados Unidos. No era un nombre, digamos, que sonara en las quinielas del Premio Nobel ni por el que se exigiera un mayor reconocimiento, aun si en su país obtuviera un premio Pulitzer y fuera condecorada con la Medalla Nacional de Humanidades. Yo, a decir verdad, no la conocía, y tuve que buscar información en la web para situarme. Curioso, pero algunos poemas suyos me “sonaron”, me dieron la impresión de haberlos leído ya en alguna parte. Posiblemente en alguna revista consultada al azar y sin ponerle mayor atención. Líneas, versos, que por alguna razón se impregnan en la memoria y luego surgen como recuerdos confusos.

“Es cierto que falta belleza en el mundo/ Es cierto también que no soy la indicada para restituirla./ Tampoco hay candor, pero ahí puedo ser útil”, estos versos fueron lo primero que encontré de ella el jueves pasado. Pertenecen a ‘Octubre’ un poema incluido en uno de sus libros más celebrados, ‘Averno’, de 2006. Son de una lucidez y una sencillez que desarman. Aunque no nos engañemos, la sencillez de Glück puede ser de lo más complejo, nos lleva a territorios de la cotidianidad que a ratos se vuelven perturbadores. “Me atraen las elipsis, lo no dicho, la sugerencia, el silencio elocuente y deliberado. Lo que no se dice, para mí, ejerce un gran poder”, escribió en alguna ocasión.

Si con algo nos reencontramos durante el confinamiento fue con el silencio, ese silencio que sin proponérnoslo nos lanza al interior de nosotros mismos. Ahí donde habita lo no dicho, es decir, la poesía.

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