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Columnistas

CARMEN ESCRIBANO, TU HUELLA EN LA MEMORIA

opinion

Carmencita, te llamé siempre, porque desde que nos conocimos se creó una corriente de mutua simpatía y admiración que cultivamos por largos años. Fueron los tiempos en que reverberaban el optimismo y la confianza en creer que sí era posible rescatar a Guatemala de aquellas correntadas de represión, de masacres y de asesinatos de líderes intelectuales. Fueron los años en que los generales, más jóvenes, ya cansados del papel de sus antecesores, decidieron apoyar el sentimiento popular para la formación de una Constituyente, que nos legó esta nueva Constitución. La de 1985.

Antenoche cuando leí la esquela de tu fallecimiento, en las redes sociales, y miré tu nombre reafirmado con la mención de los principales cargos que desempeñaste, me entristecí, porque contigo también se va el ejemplo de un valor humano que llegó a esta tierra para imponer su huella de persistencia, de lucha, de intelectualidad, perfiladas en la defensa de los credos que, de alguna manera cimentaron, con arraigo, la construcción de una democracia en Guatemala: El trabajo de las cooperativas.

Tu actividad también fue ejemplo en extender la participación femenina dentro de un partido político que, en tu caso, fuiste la pareja y el apoyo para uno de los políticos más honestos que pasaron por este ámbito: René de León Schlotter.

No puedo aceptar que personas con la grandeza de espíritu, de un idealismo inclaudicable y con todo un bagaje de vida ejemplar desaparezcan de la memoria colectiva con la misma inmediatez con que fueron anunciadas. Por más que la rapidez de información represente el ritmo de la vida actual y se convierta en el canal en que nos percibimos.

Vale la pena para mí dejar en este espacio un testimonio de los recuerdos que tengo de ti y de otras valientes mujeres patriotas y periodistas como Connie de Sánchez Latour, Atala Valenzuela, Siang de Seidner, Tere de Zarco y Antonieta Somoza quienes en la segunda mitad de la década de los años ochenta, con mucha valentía abrieron un espacio organizando foros a los que los políticos aspirantes a la Presidencia de la República se sentían honrados de participar. Gracias al  trabajo y desempeño de ese equipo, los candidatos daban la cara, exponían anticipadamente sus programas y no se acunaban  en la falsa creación de una imagen como sucede hoy.

Después de haber sido la más intelectual de las columnistas del diario ‘El Gráfico’,  también, por largo tiempo, colaboraste con este matutino. En los años que siguieron a tu paso por el cargo de Directora del ‘Diario de Centro América’, tuviste el empeño de fundar una revista con un contenido de calidad, pero que los anunciantes fueron saboteando, poco a poco, porque en ese medio había espacio para escritores que no eran sus serviles, mucho menos de sus simpatías.

Te admiro y te admiraré muchos años porque tu vida fue la de una mujer ejemplar inclaudicable en la defensa de sus ideas, de sus ideales y de los principios que te motivaron en tu apego a la vida y a seguir adelante.

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