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Columnistas

Julio Ramón Ribeyro

opinion

Viaje al centro de los libros.

La tragedia del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro (1929-1994) se podría resumir en una vida de trabajo en silencio, con producción constante y reconocimiento tardío, porque el Premio Juan Rulfo le llegó a las puertas de su muerte, así como la publicación en Alfaguara de sus cuentos completos, los nueve libros que escribió y fechó a partir de la primera línea de Los gallinazos sin plumas: “A las seis de la mañana la ciudad se levanta de puntillas”.

Escribió nueve libros de cuentos en 40 años, y una serie de novelas que están apareciendo póstumamente en España en los últimos tres años, como La tentación del fracaso, Prosas apátridas, La palabra del mudo, que han renovado el interés del público en un autor que en vida no levantó interés, pero se configuró como ejemplo de resistencia y paciencia.

Viajó a Madrid con una beca de periodismo, y al terminar se movió a París, donde no culminó los estudios, dedicado a realizar todo tipo de trabajos de sobrevivencia mientras escribía sin tregua, y bendecido por una beca de escritor en Alemania, de donde surgió su novela Crónica de San Gabriel, que le dio un premio en la patria, pero que no significó el impulso deseado. Perseveró, sin rendirse a modas. Su condición de autor ignorado, en los tiempos del Boom, debe de haber sido carga pesada para un autor tan productivo.

Tras cinco años en Europa, Ribeyro retornó a Perú, y trabajó en docencia en la universidad en Ayacucho, hasta que tras tres años volvió a las andadas de cruzar el Atlántico como corresponsal de prensa.

En Silvio en el rosedal está reflejada la pugna entre lo infinito y la nada, en lo que desemboca tras descubrir en el rosedal antiguo, siguiendo el orden trascendental que nadie transgredía, un mensaje en alfabeto Morse con la palabra RES, que al darle la vuelta es SER. Lo cual conduce al protagonista a investigar y buscar el sentido del verbo imperativo que lo movía a actuar frente al sustantivo de la cosa. Y así nos va llevando hacia la indiferencia de la nada, para resolver por la vida sin pensar en condiciones.

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