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Columnistas

Marguerite Yourcenar

opinion

Viaje al centro de los libros.

Marguerite Yourcenar (1903 – 1987) escribió la novela clásica, Memorias de Adriano, que fue traducida al español por Julio Cortázar. La escritora, consciente de la brevedad de la vida, se propuso “atender solo a lo más duradero, a lo más esencial que hay en nosotros, en las emociones de los sentidos o en las operaciones del espíritu”. Formado en literatura antigua, inició la escritura de su novela en 1924, pero destruyó múltiples versiones, mientras estudiaba la época de los emperadores, impresionada por Adriano, el ilustrado. Sucedió la Segunda Guerra, y ella se mudó a Estados Unidos, y abandonó su proyecto hasta cuando recibió una maleta con papeles viejos después del conflicto, en 1949, y mientras los revisaba antes de quemarlos, se encontró con una de las versiones de la novela, que empezaba con el ya famoso “Querido Marco: he ido esta mañana a ver a mi médico Hermógenes…”. El descubrimiento desencadenó su imaginación y se dedicó a la redacción vital y poderosa de la obra que la hizo trascender, sobre el emperador que prosperó en “la vendimia de la vida breve”, exponiendo magistralmente su idea sobre la soledad del hombre en una “época agitada y sin porvenir”.

Memorias de Adriano es una vigorosa proeza literaria que cuenta “lo que un hombre ha creído ser, lo que ha querido ser, y lo que fue”. Nos devuelve a las conquistas romanas, a la esclavitud, al circo con gladiadores dispuestos a morir en combate en escena. Trata de la búsqueda del poder, en un mundo de seres sometidos: “Un buen día Atlas deja de sostener el peso del cielo y su rebelión conmueve la tierra”. Adriano recuerda en una carta testamento dirigida a su sucesor, el proceso de llegada al poder y el oficio.

El relato es conmovedor, escrito con arrogancia, frialdad e intrepidez. Aborda la cuestión de la realización humana: “He comprendido que pocos hombres se realizan antes de morir, y he juzgado con mayor piedad sus interrumpidos trabajos”. Y contiene escenas de gran crueldad, propia de los tiranos del mundo antiguo

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