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Columnistas

Miguel Ángel Asturias

opinion

Viaje al centro de los libros.

Hace 119 años, el 19 de octubre de 1899 nació Miguel Ángel Asturias en la ciudad de Guatemala, en pleno cambio de siglo, aspecto que emulará su obra, porque fue también un parteaguas. En su obra literaria dibujó con claridad el cambio de modo, porque en El Señor Presidente logró escribir una novela del siglo XIX, con la revolución del XX, enlazados con un estilo particular y único que lo hizo destacar mundialmente, y el mundo se lo agradeció otorgándole hace 51 años el Premio Nobel de Literatura, que se le concedió casi como regalo de cumpleaños. Octubre es mes para celebrar su natalicio y el Premio Nobel.

Miguel Ángel Asturias fue creador genial, aún no superado e incomprendido en casa. Su logro fue que escribió una obra perdurable, que estará expuesta al vaivén de los siglos, porque pasará por períodos de luz y de sombra, como ha sucedido con las mejores obras en el género.

Su gran novela es lectura obligatoria en la educación media, pero es enseñada por maestros que no siempre lo han leído ni entienden, quienes trasladan a los alumnos su propio aburrimiento, y al no estar listos para una obra mayor los vacunan en su contra. Para disfrutar la gran novela guatemalteca hay que ser ya lectores instruidos, porque sus páginas elevan el espíritu, pero para saborear la mejor literatura se requiere cierta madurez, dominio del instrumento de lectura. El Señor Presidente es una novela inagotable, deliciosa, donde se estimula todos los sentidos, llena de sueños, resentimiento, olor a incienso, sombras, campanas y traición.

Así como Pérez Galdós retrata Madrid, Dickens a Londres y Balzac a París, Asturias dibuja la vida y calles de la ciudad de Guatemala, y en sus páginas están contenidas las señas de nuestra identidad.

Asturias dejó muchas obras, pero El Señor Presidente está viva, porque en ella reside la experiencia de la identidad guatemalteca, con sus rabias, resentimientos, miedos y universalizó nuestra sensibilidad.

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