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Columnistas

Mario Monteforte Toledo

opinion

Viaje al centro de los libros.

Un día como hoy, hace quince años, murió en la ciudad de Guatemala el escritor Mario Monteforte Toledo, novelista voluntarioso, soñador, incansable, autor de tres obras fundamentales: Entre la piedra y la cruz, Donde acaban los caminos y Una manera de morir. Regresó a Guatemala en los años del gobierno civil de Vinicio Cerezo por temporadas, luego de su largo exilio en México, y decidió quedarse, dispuesto a animar el espacio cultural nacional, y así lo hizo, porque fundó un premio de novela, impulsó el cuento, teatro, poesía, plástica y en sus últimos días logró con gran entusiasmo que se llevara a cabo una producción cinematográfica de la adaptación de su novela Donde acaban los caminos.

Conocerlo fue una experiencia inolvidable. Era un gran conversador. Mis hijas lo apodaban el comeniños y desaparecían en cuanto él llegaba a casa para no incomodarlo, aunque se mantenían escuchando a escondidas sus interminables anécdotas y recuento de aventuras.

 

Por esa habilidad suya para dialogar, surgieron varios recuentos de entrevistas, como Conversaciones con Mathias Goeritz (siglo XXI, México), o Diccionario privado (Magna Terra, Guatemala), a los que ahora se suma Mario Monteforte Toledo en Madrid. Conversaciones y grabaciones (1995-1999) de Juan José Suárez Losada, que publicó recientemente la Fundación Mario Monteforte Toledo, y en cuyas páginas se recupera el ingenio de nuestro escritor hablando sin parar, con ese estilo, desenfado e inteligencia que lo caracterizaron.

Mario llega a Madrid y Suárez Losada lo conduce y va grabando en restaurantes, plazas de toro, y cuando diserta sobre arte, o conversando informalmente sobre pintura, religión, nacionalidad, o de Miguel Ángel Asturias, de quien fue devoto, compartiendo anécdotas como que tras beber de forma oceánica un día dejó se volvió abstemio, y entonces Mario le pregunto por qué, y Asturias contestó simplemente: “No sé”.

Desde el inicio, la obra asombra con la transcripción de su lúcida interpretación sobre arte en España y Guatemala, países que compartieron en su momento la idea de lo “sagrado”, desarrollado en la pasión del barroco, que en Guatemala fue severo y sísmico. Da gusto leer como escuchando su voz, tal y como lo recuerdo, con criterios radicales y firme, nunca complaciente.

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