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Acueducto

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SOBREMESA

El Arquitecto y Fontanero Mayor, Bernardo Ramírez fue comisionado para investigar los caudales de agua y la ingeniería indicada para llevar el suministro del agua en la nueva capital de Santiago en el Valle de la Ermita o de la Virgen. Don Bernardo realizó varias visitas de campo en el valle y determinó que el caudal del río Pinula era suficientemente grande e indicado para surtir de agua a la nueva capital. En sus notas, el experto puntualizó que debido a los bajos niveles y a las planicies de los terrenos del valle, anegados hasta formar lagunas durante los meses de lluvia (Tívoli y zona 9), la solución sería aprovechar la elevación del montículo indígena y construir sobre éste un acueducto para la conducción del agua. Al respecto de este proyecto hidráulico, Ramírez hizo constar en documento de época: “se comenzó a introducir la del río de Pinula, y en parte determinada se construyó una presa con su criba; desde donde salió la taujía con varios tiros y rumbos, bajando del llano que nombran De la Culebra por el borde o camellón que nombra este paraje”. (Gavarrete y Luján).

El Acueducto de Pinula o De la Culebra, junto con el sistema integral de aguas de la nueva capital se comenzó a construir en el año de 1776 y quedó finalizado en 1786. Fue construido a partir de un sitio llamado El Cambray y atravesaba el barrio de la Villa, el Boulevard 30 de Junio o Avenida de la Reforma, Boulevard Liberación y Avenida de la Castellana, terminando en la planta central que se llamaba Cuarto de Trompeta ubicada en la 19-20 calle de la 2da y 3era Avenida de la zona 1, hoy Avenida Bolívar.

Para su construcción se siguieron los lineamientos de la ingeniería romana, con arcos elevados y canales hechos de ladrillo y mampostería que servían para la conducción del agua. El acueducto contaba con un sistema interno de desniveles internos para hacer que el agua aumentara de velocidad y presión, con cámaras internas para atrapar los desechos sólidos. El acueducto dejó de funcionar a mediados del siglo XIX. Nuestros antepasados describían la impureza del agua como color de chocolate y porque al abrir los chorros salían sapos y culebras.

En las casas de habitación de entonces, el agua chocolatosa del chorro de la pila era filtrada, entre otras formas, por medio de unos grandes filtros de piedra porosa en forma de embudo que generalmente se colocaba en el segundo patio de la casa. El embudo de piedra era sostenido en un trebe de hierro, dándole la altura suficiente para colocar abajo una tinaja botijona en donde caída gota a gota el agua filtrada por miles de capas de piedra. Después de este proceso, el agua que llegaba a los “cristales” y pocillos de peltre de la mesa familiar, era cristalina, fresca y con un delicado sabor a barro.

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