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Vámonos patria a caminar

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Lado b

“¡Qué terrible mi tiempo! / Y sin embargo, fue mi tiempo”, nos dice Otto René Castillo en el Holocausto optimista, dos  versos que podrían figurar como el epitafio, si tuviera una tumba, de uno de los más grandes y entrañables poetas guatemaltecos. Otto René fue hijo de un tiempo terrible, en el que, como él nos lo recuerda, caminamos con “el fango en el alma”, hacia “la orilla futura, dejando una huella horripilante”. Lo más terrible del tiempo es que esa “orilla futura” puede tornarse, por momentos, aún más espeluznante. La Guatemala de hoy, ese país por el que el poeta ofrendó su vida y que soñó más libre y más justa. Uno de los momentos cumbres del romanticismo europeo, se resume en ese gesto de Lord Byron de abandonarlo todo, para marcharse a pelear por la independencia de Grecia. De ahí solo regresaron sus cenizas. Hay algo de eso

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