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Death Note

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AT-Field

Hay cosas terribles en esta vida. De veras. Como esa vez que uno de mis primos miraba con afán el programa de emergencias del 911 y tuvo la brillante idea de simular uno de los casos: pegar la lengua en el hielo que se formaba en el congelador de la refri. Todo terminó cuando mi tío lo jaló con fuerza separándolo del hielo y dejando unas cuantas papilas gustativas pegadas. Eso, y cosas como que te claven un alfiler en el ojo. Pero nada se compara ni llega al mismo nivel que la adaptación del ánime Death Note que hizo Netflix. Dios, es que no puede ser.

A ver. Todo comenzó con un manga en 2003 sobre Light Yagami, un estudiante de secundaria que se topa con una libreta con poderes sobrenaturales que le permite matar a toda persona que de la cual escriba su nombre en una página y piense en el rostro del sentenciado. Mientras construye su versión de un mundo “justo” bajo el nombre Kira, le sigue como sombra Ryuk, un dios que aburrido dejó ir la libreta en el mundo humano para divertirse un rato. Cuando todo se va de las manos, el afamado investigador L se da a la tarea de descubrir quién es Kira y comienza lo mejor del manga: la lucha por descubrirse y esconderse.

El manga lo hizo Tsugumi Ohba y lo ilustró Takeshi Obata. No sé en qué momento se volvió un manga de culto pero para 2015 ya circulaban más de 30 millones de copias. Y a saber cuántas personas habían visto la adaptación en ánime dirigida por Tetsuro Araki (Attack on Titan y Highschool of the Dead) y la casa Madhouse. Una simple mirada a estos nombres ya nos dice suficiente para saber que tanto el manga como el ánime son de cabecera. Así que cuando se anunció que Netflix haría una adaptación, todos se emocionaron.

La cinta se estrenó la semana pasada. Cuando vi que L era negro, me valió. Cuando vi que Ryuk era interpretado por Willem Dafoe, dije: “este se las puede, va a estar talega”. Las escenas de violencia cuando los “malos” mueren a mano de Kira son buenas, lo admito. Pero todo lo demás es un fracaso rotundo. No se puede resumir una persecución entre un tipo que asesina gente escribiendo nombres en una libreta y un excéntrico investigador en tan poco tiempo. Peor aún solucionar todo el desenlace tan fácilmente en un soundtrack que escucharía Bella de Crepúsculo. Hágase un favor y nunca vea la película. En todo caso, vaya a la serie, que también está en Netflix.

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