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Roberto Díaz Castillo, en su libro Museo de la farmacia en Guatemala, nos hace una interesante reseña y descripción de las primeras boticas y farmacias que se establecieron en Guatemala durante la época colonial. Además, ilustra algunas de las curaciones, medicamentos y hierbas que aliviaron los males y las dolencias a los antiguos pobladores del Valle de Panchoy. Díaz Castillo apunta que los cronistas españoles dejaron un inventario detallado de las propiedades curativas de los medicamentos utilizados por los nativos, hierbas y sustancias animales, medicinas que con el paso del tiempo formaron parte del mestizaje cultural.

La lista de paliativos aborígenes es extensa, pero muy interesante. Algunos ejemplos: la hierba llamada chicalote era utilizada como antiespasmódico; el pellote, como anestésico; el chicle como estimulante; y la manteca de cacao como expectorante.

Ya en plena época colonial, la Corona dictó las primeras leyes y ordenanzas que regularían el arte de la curación de enfermos en sus colonias. Cirujanos, boticarios, herbolarios, expertos en sangrías y especieros pudieran dedicarse a sus respectivos oficios bajo la tutela y el amparo de la autoridad, prohibiéndose la brujería. La Corona Española prohibió el rezo de conjuros, ensalmos y encantamientos, cuyas prácticas aún se siguen realizando aun en Guatemala, como el rezo al oído de padres nuestros y aves marías, sumado al uso de un amuleto rojo, remedios para mitigar el mal de ojo, padecimiento que según la tradición popular padecen los recién nacidos o bebés.

En 1563 los farmacéuticos debían, entre otras, dominar el latín, ya que los ingredientes y formulaciones de los recetarios llegados de ultramar, por tradición, estaban escritos y explicados en ese idioma. Además de saber la lengua latina, el boticario debía ser un hombre de bien, casi un santo, pues además de ser muy inteligente y aplicado en su profesión, debía de ser sobrio en el decir y piadoso con los enfermos. Profesar un ministerio más que una simple profesión. Según nos hace referencia el autor, el cronista Fuentes y Guzmán hace constar en su obra Recordación Florida, que en la capital del Reino de Guatemala, hoy La Antigua, en pleno siglo XVII: una plaza, ocho cárceles, veintidós puentes públicos, dos colegios, una universidad, tres boticas y una multitud de suntuosas casas, habitadas por sesenta mil vecinos.

mariaelenaschlesinger@gmail.com

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