[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Columnistas

Conservador (5)

opinion

EL BOBO DE LA CAJA

En materia de drogas también soy –podría decirse– bastante conservador. Me refiero no tanto al tipo de sustancias que he probado sino sobre todo al modo de emplearlas. Eso lo comprendí viendo cómo se enfiestan los millennials, algunos de cuyos especímenes más pesados conocí de cerca.

Salvo una experiencia con hongos alucinógenos (que comí una vez, sin saberlo, antes de cumplir los diez años de edad), tardé hasta los veinte en atravesar la barrera de las sustancias legales. Y aún entonces, a diferencia de muchos, el nervio que me impulsó fue siempre la curiosidad, la búsqueda, la expansión de la conciencia; nada que ver con el escapismo ni con la desesperación ni con el vacío antisocial ni con las ganas de contrariar a papá y mamá.

Para evadirme tenía las legales, sobre todo el pinche guaro, con el que me amancebé de la pubertad en adelante desafiando la mesura y el decoro. Con las ilegales, ya digo: curiosidad con cautela, tanteo con un mínimo de sensatez.

Leí mucho la teoría confiable que encontré al respecto (sobre todo de la mano del gran A. Escohotado) y me interesé asimismo en cómo otras personas describían sus impresiones en contacto con la ebriedad: A. Huxley, M. Sabina, A. Hofmann, H. S. Thompson. Luego me lancé al agua.

Y no me arrepiento. Recuerdo algunos raves doce, quince años atrás, yo maravillado en medio de mis primeras y muy titubeantes excursiones con éxtasis (MDMA) mientras los cuates millennials, algunos todavía menores, competían entre sí preguntando: ¿qué te metiste? Las respuestas variaban, claro, pero no mucho. Por lo general eran de un exceso y una temeridad casi sobrehumanas: “Yo, once tachas y cuatro ácidos”. Cosas así, como para bailar tres días seguidos.

Una vez acompañé a un buen amigo mío a un punto de coca en una colonia cerrada, por ahí por Miraflores. Se nos antojaban unos pases al suave, sin riesgos ni sobresaltos. Compramos una dosis para los dos, pedimos cerveza, nos sentamos en la mesa, sacamos las chencas, fumamos. Ahí mismo habían tres o cuatro clientes más. Me sorprendió el perfil: un mensajero con moto, un visitador médico, un agrónomo. Gente funcional, integrada. Nada de parias. Éste último era objeto de admiración por parte del resto: en una sola noche –decían– se metió diecinueve colmillos. ¡Una onza de cocaína! No lo podía creer.

Aunque siempre habrá gente que es más conservadora que uno. Por ejemplo, la columnista S. Tejeda, colega de elPerioódico quien semanas atrás escribió alarmadísima por lo que ella considera una especie de epidemia debido al consumo de marihuana entre los jóvenes.

Me gustaría tranquilizarla al respecto, pero dudo que sirva de algo. Indicarle que pocas drogas han sido objeto de tan mala prensa como el cáñamo. Contarle que el cannabis viene acompañando a la humanidad desde hace diez mil años, y que hasta ahora no se conocen casos de muerte por sobredosis. Recordarle que el nuevo premio Nobel de literatura, Bob Dylan, es un motero confeso, responsable de haberles dado su primera probadita nada menos que a los Beatles.

Creo que el combate al narcotráfico está perdido y que el Estado de Guatemala, en vez de obedecer plegándose a los designios que vienen de la Embajada, bien podría sentarse a negociar con los capos. Son demasiado poderosos. Y su interés no es el crimen, sino hacer dinero.

Dentro de una semana intentaré profundizar al respecto.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia
Embajada de Alemania inaugura el “Festival de Gobierno Abierto”

La actividad tuvo como objetivo buscar nuevas maneras de acercar a la ciudadanía a procesos políticos.

 

noticia
Entregan Orden Monseñor Juan José Gerardi

La orden es entregada a aquellos que velan por los derechos humanos.

noticia Edgar Balsellas
Economía de la incertidumbre

Nuestra preocupación es por el empleo productivo, siendo vital repensar la liberalización financiera y comercial, tal como está planteada.

 



Más en esta sección

Queman bus de Transurbano y PNC se retira de la Plaza

otras-noticias

Seis departamentos se unen a las protestas en contra de Giammattei

otras-noticias

Galería: Vuelven cientos de guatemaltecos a la Plaza de la Constitución

otras-noticias

Publicidad