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Vivir para trabajar

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follarismos

Hay una paradoja absurda en las clases medias y superiores urbanas guatemaltecas que consiste en creer -y predicar a los cuatro vientos- que la libertad es nuestra presea más querida, cuando en realidad no tenemos ni un carajo de idea de lo que estamos hablando, esclavizados como estamos por una organización social y exigencias de rendimiento que nos obligan a llevar modos de vida que ni siquiera los norcoreanos más pisados querrían para sí si las conocieran. El otro día hablé de las horas interminables que perdemos para desplazarnos de un sitio a otro, de la inoperancia del transporte público, de lo absurdo de estar cuatro y hasta cinco horas todos los días en autobús o en automóvil en carreteras inseguras y maltrechas desde la madrugada para poder ir al trabajo, y luego de noche, para volver a casa hechos polvo a realizar tareas domésticas. ¿Pero qué mierda de vida

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