[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Columnistas

Volcánica

opinion

lucha libre

Una de las características más extravagantes, intensas y peligrosas que tiene Guatemala es su llamado cinturón de fuego. Nadie creería que un país de apenas 108 mil kilómetros cuadrados, presumiera de tener treinta y pico volcanes y más de trescientos focos eruptivos.

En los lugares de este país en que he vivido he tenido cerca a uno o a varios de ellos.

Crecí en la capital, bajo la presencia silenciosa del volcán de Agua. Dibujar volcanes para mí es buscar el trazo perfecto de su figura simétrica. Con los años me enteré que su nombre indígena era Hunajpú y que es oriundo de Santa María de Jesús. Aunque es considerado un coloso inactivo, rebalsó de agua en 1541 destruyendo el segundo asentamiento de la ciudad capital y ganándose el nombre de volcán de Agua.

Ahora que vivo en La Antigua Guatemala, sigo bajo su mirada protectora pero desde otro ángulo y siento cercanos al volcán de Fuego y al Acatenango, pareja de gigantes guardianes. Nunca lucen iguales, nunca parecen los mismos. Es impresionante sentir la intensa presencia del volcán de Fuego. Hoy sacando humo; mañana ceniza; y por la noche, fuego, lava y rocas incandescentes. Otro día se le escucha gritar furioso, rugiendo desde las alturas. A veces amanece cansado de tantas noches de fuego, y descansa sosegado, entre nubes blancas.

Entre tantos volcanes activos, durmientes y extintos, parece bastante probable la teoría de que el escritor Saint-Exupéry se inspiró en los volcanes de San Pedro, Atitlán y Tolimán para describir a los de El Principito. Cualquiera que haya navegado en el lago acercándose a Santiago por vía lacustre reconoce la figura de la boa que se comió al elefante en la forma de Cerro de Oro. Exactamente igual al dibujo del libro.

En Quetzaltango, donde viví y fui feliz, también se vive con la fuerte presencia del volcán Santa María que como faro, dirige y señala (no solo de luna vive el hombre). Es un volcán de carácter femenino ya que se le acredita una reciente maternidad: mece y acoge en su vientre a un traviesísimo volcán Santiaguito, un coloso tan joven (menos de cien años) que su nacimiento puede rastrearse todavía en periódicos antiguos. Su repentino y furioso crecimiento alerta y asusta a los habitantes cercanos a su radio de acción y nos recuerda la fragilidad humana.

Tantos colosos por explorar; vivos o dormidos, grandes o pequeños, desérticos o selváticos y yo solo me he atrevido a escalar dos: el volcán de Pacaya y el volcán Chicabal. Este último cuenta con una laguna sagrada en su cráter que lo convierte en uno de mis lugares favoritos del mundo y el sitio en donde quisiera que los gusanos me conviertan en fertilizante.

La próxima vez que se pregunte por qué atrás de nuestra apacible serenidad guardamos un espíritu explosivo y colérico, vea hacia el horizonte, respire profundo y busque la respuesta en el volcán más próximo (en realidad espero que no despierte y conteste).

@liberalucha

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia AFP
Démare se impone

El francés Arnaud Démare (FDJ) ganó al esprint la cuarta etapa del Tour de Francia, entre Mondorf Les Bains y Vittel, de 206,5 km, en un final accidentado, con dos caídas de ciclistas en los últimos metros.

noticia Roberto Blum
La gran vista de la naturaleza

Los seres humanos usamos diferentes lenguajes para darle sentido a una misma y única realidad natural.

noticia Edgar Gutiérrez
Cambios en la cultura democrática

Consulta popular y Comisión de Postulación.



Más en esta sección

FOSS pide destitución de Ministro de Gobernación

otras-noticias

La del GPS

otras-noticias

Partidos no pagan multas, pero recibirán Q20.5 millones por financiamiento

otras-noticias

Publicidad