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Columnistas

La Ilíada

opinion

Viaje al centro de los libros.

La literatura crea personajes ficticios, aunque provengan de posibles referencias reales, que viven y son inmortales. La Ilíada es la descomunal obra heróica de los griegos, el modelo a destronar, porque a Homero no le bastó crear a un personaje inolvidable sino inventó una multitud, como al divino Aquiles, el de los pies veloces; Héctor, el del casco palpitante; Ulises, el de corazón firme; el magnánimo Eneas que resucitó más tarde en la literatura latina; Patroclo y Ayax, y tantos héroes inolvidables que aún siguen vigentes y se reprodujeron en los trágicos, pasando por Shakespeare y Lorca, amen de la mejor invención, la del autor Homero, el poeta “que no ve” de Esmirna.

Apostaría que en la actualidad un novelista novato no podría siquiera ponerse a escribir sin antes haber disfrutado y pronunciado en voz alta y de pie, los parlamentos ejemplares de La Ilíada. Y que ante tan espléndida lectura, más de un débil habrá renunciado al intento de escribir. La Ilíada es una obra mayor que trata sobre la guerra, donde los combatientes matan, despojan a los cadáveres de sus armas, y admiran a sus enemigos. No hay malos ni buenos, sino dos pueblos peleando para defender o destruir Troya, movidos por los dioses y obligados por el destino. La ira del divino Aquiles es inolvidable, así como su arrojo y decisión para pelear sabiendo que después le tocará morir, que no va a regresar a su patria, que perderá las riquezas que le ha entregado Agamenón: a la virgen Briseida que le fue arrebatada y a otras siete de ganancia, y que se niega a comer o beber vino hasta haber cumplido con su misión de vengar a Patroclo y matar en batalla a Héctor y arrastrar su cadáver alrededor de las murallas de Troya.

La Ilíada ha sobrevivido por más de 3 mil años, y pensando en las obras clásicas o modernas que destacan, todas han creado algún carácter memorable. Cervantes inventó al Quijote, Shakespeare a Hamlet, Flaubert a Madame Bovary, Kafka al escarabajo, y en Guatemala tenemos a El Señor Presidente de Asturias, amarga imagen del totalitarismo que aún sobrevuela como la negra Ker por nuestro horizonte.

La diferencia entre Homero y los autores posteriores es la capacidad de crear a una multitud de seres memorables en una misma obra, siendo todos tan distintos.Es ingenuidad de autor novato pretender superar a sus contemporáneos, cuando la batalla sigue aún en el sitio de Troya.

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