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Columnistas

La lluvia

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Ayer

En asunto de lluvias y aguas caídas del cielo, los chapines tenemos nuestro propio léxico, nuestra manera peculiar de los asuntos del clima y el tiempo.

Por ejemplo, cuando las lluvias caen copiosas decimos que está cayendo un tremendo aguacero, y cuando las lluvias se hacen persistentes y se alargan por muchos días, hablamos que estamos atravesando un temporal, quizás como el que agobiaba el mítico poblado de Macondo. Cuando la lluvia cae con fuerza, como que si el mundo se fuera a caer en pedazos, algo así como que si se estuviera sucediendo el diluvio universal, en Guatemala decimos que está lloviendo a cántaros.

En Cobán cae un chipi-chipi o sea un brisado necio y consistente y por el contrario, en la costa, los aguaceros caen por horas y en forma abrumadora y los llamamos chubascos.

Para nuestros abuelos, los azacuanes, esas pequeñas y horrible aves migratorias color negro, que vuelan de sur a norte o viceversa buscando parajes cálidos en donde pernoctar, eran quienes traían las lluvias a Guatemala en el mes de mayo y eran los mismos azacuanes quienes se la llevaban en octubre, trayéndonos día secos y soleados, de cielos azul fuerte.

En Guatemala existen no solo las avenidas de paso terrestre, si no también las de agua. Los antigüeños, por ejemplo, hablan como que si nada “de lo crecidas que están las avenidas” o de lo ancho de las mismas, refiriéndose a las correntadas de agua que inundan las calles y avenidas de la ciudad, dejándolas intransitables. Fueron notables las avenidas de aguas que se formaban hace poco más de un siglo en la que hoy día es la 11 calle de la zona 1. Cada invierno, grandes correntadas de agua caían de poniente a oriente, por lo cual el ayuntamiento se veía obligado a implementar varios puentes de paso para los transeúntes. De allí su nombre original de la 11 de, Calle de los Tres Puentes.

En tiempos de nuestros abuelos y los abuelos de estos, la luna anaranjada significaba calor intenso al siguiente día, y vaho espeso en las primeras horas de la mañana, muchísimo calor durante el resto del día. En aquellos días de telégrafos y periódicos, en Guatemala el estado del tiempo se presagiaba observando las rutinas del cielo, el trino de los pájaros y el murmullo de los insectos.

Al respecto de las lluvias, el refranero chapín apunta, “Quien siembra tormentas cosecha tempestades”.

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