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Volar

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lucha libre

Lo único que necesité fue correr unos metros en la montaña. Después, fue como en los sueños: me volví liviana como una pluma y volé, fui una nube dulcemente empujada por el viento. No, no estaba dormida. Estaba despierta y me sentí tan viva como pocas veces me he sentido. El viento me arrebataba las lágrimas y le dije a Leo, el piloto: “No sé si lloro de emoción y felicidad o si es el aire en mis ojos”.

Volar ha sido uno de los sueños más constantes y antiguos de la humanidad. Grandes pensadores y científicos dedicaron su vida entera a estudiar las plumas, alas y pájaros en la búsqueda de imitarlos. Leonardo da Vinci estaba tan interesado en el tema, que allá por el siglo XV en Francia inventó el paracaídas, el helicóptero y la hélice. Hoy en día ya existen en prueba hasta trajes que nos harán volar tan libres cómo lo hacen las aves. Mientras se vuelve popular esto, una de las formas más baratas, poco contaminantes y accesibles de volar, es el parapente.

En Panajachel cuando el viento es favorable (no se vuela cuando se quiere si no cuando se puede) pueden verse varios parapentes surcar los cielos de Atitlán. Es un espectáculo verlos planear, subir y bajar, dar vueltas y hacer acrobacias para luego aterrizar ligeros y precisos en la playa pública. Un grupo de pilotos profesionales de distintas partes del mundo han descubierto en la cuenca del lago más lindo del mundo, las condiciones atmosféricas y geográficas perfectas para practicar este deporte. No contaminan, no hacen ruido, no utilizan gasolina ni una gran estructura. Solo necesitan del permiso del viento para volar. Y son felices. Me impresionó cómo hombres comunes y corrientes sufrían una gran transformación solo de ir subiendo la montaña. A medida que nos íbamos acercando a la pista de despegue, sus rostros, sus sonrisas y sus ojos fueron transformándose. Irradiaban felicidad, paz y emoción.

Es indescriptible la sensación de libertad que da volar sin psicotrópicos. Ver el mundo desde arriba, tan chiquitas nuestras casas y nuestras calles; y tan profunda nuestra huella en la naturaleza, es una experiencia que marca. Volar cerca de los pájaros y de las nubes, sentir solo el ruido del viento y la temperatura de las corrientes de aire, desafiar la Ley de la Gravedad, es de las cosas más hermosas que he hecho en mi vida.

No sé por qué dicen que hay que tener los pies en el suelo. Me gusta soñar, y volar me recuerda que todo sueño es una acción en potencia, es una realidad que se imagina y solo con eso ya es existencia. ¡A volar!

@liberalucha

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