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Columnistas

Rusticatio Mexicana

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Viaje al centro de los libros

La Rusticatio Mexicana de nuestro Rafael Landívar es un largo canto escrito en un idioma muerto, el latín que ya muy pocas personas entienden, descifran y gozan, y que a cada momento se aleja más de la realidad concreta de los semáforos y celulares. El sentido sí se puede traducir, aunque parcialmente por cuanto conlleva interpretación, y es así como lo leemos y creemos entender la mayoría, aunque por ser poesía se pierda el sonido, la maestría, el artificio en una obra donde la forma es también fondo.

Las ediciones especializadas incluyen paralelamente el texto latino, y es un placer escudriñar entre los versos y su traducción al castellano, sintiéndonos incómodos e insatisfechos.

El pórtico, que fue añadido entre versiones, es la parte más conocida en nuestro país, por la primera línea: “Salve, mi patria querida, mi dulce Guatemala, salve…”, que es lo más parecido al original: “Salue, cara Parens, dulcis Guatimala, Salue…” Pero ya no resulta tan satisfactorio cuando se lee el sexto verso: “ac iugi uirides munere ueris agros” cuya traducción dice “y tus verdes campiñas regalo de eternos abriles”. No me suena, aunque el sentido esté expresado, porque lo de “primavera” por “abriles” es un juego que se fuga y cambia el sentimiento. No es asunto de negar el esfuerzo de la traducción, pero el texto original tiene otro hálito.

Tenemos, pues, un autor nacional impenetrable, que es como una ruina, un secreto, un jeroglífico más, un misterio que añadir a la lista nutrida de nuestras raíces identitarias. En Landívar está contenida la experiencia nacional ante la destrucción que llega siempre como una ola con la marea de los siglos y se retira por un tiempo. Los terremotos han destruído nuestro país, como las guerras y los políticos, y Landívar evoca desde el exilio la memoria de los torreones nobles de su ciudad natal convertidos en montones de piedras: “Ni casa, ni templos ya quedan, ni plazas que junten al pueblo, / ni trocha que guíe a las cumbres seguras del monte”.

Su reino fue destruido (porque además de terremoto él sumó la pérdida de la vida y razón de los suyos), aunque pareciera que se ilusiona con la posible reconstrucción, para volver a la vida y ser la patria inmortal. La patria de Landívar ha sido arrasada, y con la muerte nació a la quietud, tal como surgió su bello poema, escrito en clave latina para perecer antes de ser siquiera reconocido.

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