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Columnistas

Berlín Alexanderplatz

opinion

Viaje al centro de los libros

La famosa novela del controvertido Alfred Döblin, Berlín Alexanderplatz, es un festín para los lectores interesados en el protagonismo de las ciudades, que supera al personaje central, lo determina o se funde con él. La novela fue escrita en 1929, y el éxito fue inmediato. Es lugar común que se le compare con el Ulises de Joyce, pero aunque tiene similitudes son más frecuentes las diferencias.

Al final de la primera parte resume en pocas líneas el tema de la obra: “De esa forma volvió a Berlín y a la calle Franz Biberkopf, peón de la construcción y luego cargador de muebles, un hombre grosero y terco, de aspecto repulsivo, un hombre con el que se encariñó una bonita muchacha de una familia de cerrajeros (,,,) a la que hirió mortalmente en una riña. Ha jurado al mundo entero y se ha jurado a sí mismo ser honrado. Y mientras tuvo dinero fue honrado.” El protagonista sale de la cárcel y la calle suena, está viva y es diferente a la que dejó cuando fue sometido a la prisión por dar muerte a la enamorada. La obra va mostrando Berlín, las callejuelas, los barrios de judíos, la corrupción, el desorden social, todo lo que debe haber dado lugar al crecimiento desmedido del fervor patriótico y militarismo de los nazis.

El autor era médico, y así como pasan consulta los pacientes, así se deslizan por las páginas de la obra los personajes, con sus dolencias y comentarios, y la ciudad invade el ambiente, y los ruidos de la calle, las voces de los cantantes populares, los mercados y las historias de los judíos. Döblin fue judío, pero se convirtió al cristianismo, fue socialista pero renunció al partido en protesta, al final del cuento fue un solitario y no un desadaptado sino un crítico voraz.

El gran argumento no es lo que importa, sino la serie de historias que se van planteando, la caricatura de los demás, la realidad que se impone. A diferencia del vitalismo orteguiano que repetía que nadie puede transferir su vida, que siempre hay una toma de decisión presente, Döblin lo rinde a la descomposición en contra de su aparente voluntad. El protagonista recaerá en las redes del vicio y del robo, será traicionado, caerá bajo el esquema de la vida urbana que lo oprime y terminará a las puertas de la muerte y del manicomio.

El Berlín que se muestra no es la gran ciudad, sino los barrios marginales, y lo que muestra es un cuadro fijo en el tiempo que seduce, una fotografía de su época, desde la perspectiva de un solitario que vio venir el estallido de la Segunda Gran Guerra.

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