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Entre la bota y el libro

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Estoy leyendo Un mundo sin fin de Ken Follet, una novelona de más de mil páginas que se desarrolla en la ciudad inglesa de Kingsbridge entre los años 1135 y 1174. Llevo dos meses con la nariz metida en el libro, viviendo una saga épica llena de ambición, guerra, odio y venganza. Uno de los temas recurrentes en la novela son las violaciones. En la Edad Media eran tan frecuentes y normalizadas, principalmente por los hombres de guerra, que casi se puede decir que, los muy cabrones, sentían como deber cívico, violar a cualquier mujer que se topara en su camino.

Por momentos olvido si les estoy contando el libro o la historia de Guatemala.

Desde que se crearon las instituciones militares estas han sido escuelas en donde se enseñan las peores mañas de la humanidad. Ahí se aprende a pelear, matar, dominar, violar y tomar a la fuerza. No se aprende a respetar, pensar y construir. Hoy, en pleno 2016, los territorios militares son aún campo de cultivo de violencia y abuso. El Instituto Adolfo V. Hall del Sur acaba de sonar en los medios por la violación de una estudiante dentro del campus. No es la primera vez que esto sucede. Existen también casos ocultos de abusos a varones. A la indignación y la rabia de la violación, se suman los intentos de justificar estos hechos de parte del Ministro de la Defensa quien criminaliza a la víctima acusándola de ebriedad, minimiza el abuso y defiende al victimario. Las medidas “correctivas” son tomadas contra las víctimas y no contra los violadores. Desde el “incidente”, las estudiantes mujeres, ya no tienen derecho a pernoctar en el Instituto.

Las echan a ellas y no a ellos. Les creen a ellos y no a ellas.

Estas noticias no son nuevas. Hace algunos años eran las estudiantes a policías las que denunciaban violaciones en la Academia de parte de oficiales y maestros. Se encontraban fetos en los baños. ¿Adivinen quiénes eran las malas? ¿Adivinen quiénes fueron las afectadas?

Porque las violaciones aún siguen sucediendo es que son importantes las condenas como en el caso de Sepur Zarco. En ese juicio fueron condenados a 120 y 240 años de prisión, el teniente coronel Esteelmer Reyes y el ex comisionado militar Heriberto Valdez por Crímenes de Lesa Humanidad contra 11 mujeres q’eqchí’ quienes fueron utilizadas como esclavas sexuales por las fuerzas del Ejército. Todavía es necesario afirmar que el cuerpo de las mujeres no es un campo de batalla.

Ayer, el informe de la Corte Interamericana de Derechos Humanos nos recordó lo atrasados que estamos en respetar los derechos humanos de todos y todas. Nos instó a evitar la militarización de la seguridad pública y a retomar los Acuerdos de Paz como guía para un mejor país.

Lamento no estar leyendo un libro de ficción y no vivir en la Edad Media. Me gustaría estar segura que vienen tiempos mejores, que las luces de la razón disiparán las tinieblas de la oscuridad y que pronto vendrá La Ilustración.

Eso, o al menos tener la posibilidad de cerrar este libro llamado Guatemala.

@liberalucha

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