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Columnistas

José Ortega y Gassset

opinion

Viaje al centro de los libros.

El genio español José Ortega y Gasset fue una figura deslumbrante de la cultura en nuestro idioma, un escritor que de manera natural optó por el ensayo para su expresión, provocando el celo y la envidia de literatos y filósofos, porque su claridad y dominio del idioma opacó a los autores contemporáneos de ficción, y sus ideas e intuiciones superararon el producto estructurado de los pensadores radicales. No escribió ficción, porque no era lo suyo, y no elaboró un conjunto ordenado y sistemático como son usuales entre los alemanes, por ejemplo, aunque sí impulsó a su manera y con tesón el criterio de la “faena de vivir”, que “consiste el vivir en que el hombre está siempre en una circunstancia, que se encuentra de pronto y sin saber cómo sumergido, proyectado en un orbe o contorno incanjeable, en este de ahora”. Citado de En torno a Galileo, el libro que resume sus conferencias de 1933 en la Universidad Central en torno al esquema de crisis de creencias. Ortega desarrolla que cada hombre es sujeto y protagonista de su propia vida, y que la vida es intransferible, que nadie puede vivir por nosotros la nuestra.

Urgar en las obras completas del genio español es una experiencia sabrosa, porque se nota cómo aprovechaba cada circunstancia para escribir sus libros, porque no esperaba un momento propicio porque ya todos lo eran. Daba conferencias, y de su preparación salía un libro, o escribía artículos en los diarios regularmente, y se enfocaba en un mismo tema por semanas, hasta agotar la discusión, y el producto final se convertía en un ensayo ampliado sobre la idea que expresó temprano en sus Meditaciones del Quijote, “yo soy yo y mi circunstancia”. O le pedían que escribiera un prólogo y se extendía tanto que al final la introducción opacaba el contenido de la obra que saludaba, como ocurrió con el formidable ensayo que precede a Veinte años de caza mayor, del Conde de Yebes. El libro del cazador de la nobleza no será un gran aporte, pero el prólogo de Ortega de un centenar de páginas se convirtió en modelo clásico del ensayo en nuestro idioma.

El ensayo no es un arte menor, ni propiedad exclusiva de los franceses. Montaigne lo bautizó así en el título de la reunión de sus reflexiones, y hay toda una escuela de aforismos y ensayos traducidos por nuestro compatriota Luis Eduardo Rivera de Joubert, Riverol, Remy de Gourmont y Julles Vallès. Pero Ortega lo hizo para nosotros, y aunque él pretendía ser filósofo, se convirtió en el gran ensayista de su tiempo. No se lo pierdan y prepárense para enfrentar el próximo feriado con alguno de sus libros intensos.

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