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Columnistas

Yo seré un Superman

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AT-Field

Desde que mi abuela me dio un Nintendo, he tenido una fascinación por los videojuegos. Soy un tipo de 27 años que busca el tiempo para dejarse absorber por esos mundos fantásticos en 1080p y con audífonos, salvando Gotham, por ejemplo. Pero nunca he salido de la sala con mi capa de murciélago a tumbar al crimen organizado. Si mucho, doy un favorito a los tweets de la CICIG.

La semana pasada, el diputado Inés Castillo propuso la iniciativa “Ley para la prohibición de la fabricación, comercialización, e importación de juguetes y videojuegos bélicos”, con el afán de reducir la cultura de violencia en los niños y adolescentes. Entiendo que el congresista quiera eliminar juguetes como armas, cuando hay asesinatos y bombazos constantemente, o grupos que extorsionan a las escuelas amenazando a toda una comunidad con secuestrar dos niños por día.

Pero, ¿los videojuegos? Hay que entender que son productos culturales que obedecen a tendencias y movimientos. Y que son clasificados. En el caso de Guatemala, por la cercanía, nos apegamos al Entertainment Software Rating Board (ESRB) de EE. UU. Sí, ese cuadro blanco en la esquina inferior de las cajas con letras como E, M, T… que indica la edad sugerida para los compradores.

Lo mismo que con las películas, libros y la música. Todo está clasificado y el comprador, un adulto por lo general, es quien decide a quién da acceso a los mismos. ¿Por qué prohibir solo los videojuegos? Mejor todo aquello que sea violento y atente contra las buenas costumbres. No vaya a ser que un día por leer Lolita me vuelva pedófilo. Quiten Breaking Bad porque de fijo voy a cocinar metanfetaminas. Prohíban los álbumes de los Sex Pistols porque mañana salgo a la calle como el punk más insurrecto de Guate.

La iniciativa de ley solo prohíbe y sanciona, en vez de fomentar espacios de ocio y recreación para niños y adolescentes. No se preocupa por generar políticas públicas que les permitan apropiarse de barrios, parques y canchas con productos culturales como conciertos, bibliotecas, cines ambulantes, teatros de calle… Además, ¿qué teme el diputado? Siempre que algún niño sea el Guasón, otro se las llevará de Batman de tanto videojuego violento.

joquendo@elperiodico.com.gt

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