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Columnistas

El totalitarismo de la realidad

opinion

Viaje al centro de los libros

La preocupación actual por la persecución de lo real llega al colmo en los estudiosos de las letras que todo lo sustentan según lo tangible. Un escritor español me debatió en un congreso de literatura mi planteamiento sobre la magia de los seres de ficción, de la importancia de crear nuevos seres, aduciendo que no existía tal cosa, que hasta el Quijote existió porque la historia se la contaron a Cervantes. Quizá existió tal referencia o no, pero no importa. Quizá alguien contó la anécdota en algún bar, pero solo el Manco de Lepanto pudo escribirla de la manera que lo hizo, recreada, elaborada, graciosa y sorprendente. La ficción tiene el poder de trascender lo individual, más allá del tiempo y del espacio, porque hace de un simple pino específico, un árbol.

La preocupación actual por lo real se manifiesta en el cine, donde con frecuencia nos recetan la nota en la pantalla de “historia basada en hechos reales”, como para sustentar su relevancia, para que no se menosprecie el relato por imaginario. La preocupación indica supervalorización de lo real, porque para que se manifieste el arte se requiere de la ficción. La realidad en sí no es suficiente, sería como limitarnos a mirar lo que ya de por sí vemos siempre, a copiar lo que está a nuestro alrededor, extraordinario u opaco.

A la literatura la alimenta el asombro, y para ello debe ir más allá de lo común, de la realidad concreta. Hasta para la crónica se necesita imaginación, para que lo escrito se encienda como una luminaria que atraiga la atención del lector.

Leyendo la edición anotada del Berlín Alexanderplatz de Alfred Döblin, me tropecé con una nota que me atrajo poderosamente. El personaje ficticio, Franz Biberkopf, va por la calle recién salido de la cárcel y “Anduvo la Rosenthaler Strasse, pasando por delante de los almacenes Tietz”, y entonces el estudioso corrige al autor porque: “En realidad, debiera decir los almacenes Wertheim. Los Tiez estaban en Alexanderplatz”. Me pregunto, ¿cuál es la diferencia? Un ser de ficción pasa frente a una tienda tal y como se le ocurrió imaginar a su autor, y ahora hasta se lo corrige desde el punto de vista macabro de la realidad. Hay que volver a creer en el poder de la imaginación. Los personajes son inventados y las calles y ciudades también. Un escritor puede modificar el mapa de la ciudad, cambiar de lugar los sitios y ubicaciones, combinar diferentes etapas en el tiempo, por eso es invención. Lo único que importa es que sorprenda, que nos conmueva, que se revela el arte.

mendezvides@itelgua.com

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