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Columnistas

Miguel Ángel Asturias

opinion

Viaje al centro de los libros

Miguel Ángel Asturias nació en la ciudad de Guatemala el 19 de octubre de 1899, y su obra literaria contiene la referencia de nuestra identidad. El novelista dibujó el escenario urbano y rural de Guatemala, un país pequeño y mágico, donde se dan todos los contrastes imaginables, y trascendió porque no se limitó a describir la realidad local sino escarbó en planteamientos universales, como la dialéctica del bien y del mal.

Sus personajes son chapines, urbanos y rurales viviendo a las sombra de los templos e instalaciones civiles, expuestos al dilema del “mal ladrón”. En el imaginario católico se representa a Cristo en la cruz, a punto de morir, flanqueado a diestra y siniestra por dos ladrones: Dimas, el buen ladrón, y Gestas, el mal ladrón. El crucificado ve hacia la cara del buen ladrón, con Gestas a sus espaldas, agobiado por el dolor. El asaltante de caminos que cortaba los pechos a las mujeres víctimas y sorbía la sangre de los niños, se muestra inconforme y reta a Jesús a que si es verdaderamente hijo de Dios se suelte y los libere. ¿Cuál habrá sido el destino del mal ladrón? Esa profunda preocupación aparece en las novelas de Asturias. Incluso escribió una novela pocos años antes de morir, que tituló así, Maladrón. Un tema singular que lo turbó siempre, quizá relacionado con la imagen del Maximón local, motivo mágico que lo condujo a escribir sobre las posibilidades del abandono y del dolor.

Y escribe con ojos asombrados, como en sus memorias de El Alhajadito, donde un niño se encuentra en una casona de finca viendo llover, pensando desde un corredor apartado en todo lo que lo rodea: apreciando el ambiente húmedo, el techo de teja y los pilares podridos. El agua no rebota sobre patios empedrados, como en la ciudad, sino en tierra que con la boca abierta se traga el torrente. Desde su sitio contempla a los criados con trenzas, ve empequeñecer a ancianos que naufragan en el patio y atiende admirado la llegada del circo con la alucinación de los trapecistas que se convierten en ángeles, el tragafuegos, los contorsionistas, payasos que hablan en serio de dinero mientras la banda jubilosa interpreta un paso doble. Afuera están los barriletes/luna que surcan el cielo y se reflejan en el agua, pero no se sabe quién sostiene el hilo. Obra precursora del llamado realismo mágico.

mendezvides@itelgua.com

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