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Columnistas

El libro del desasosiego

opinion

Viaje al centro de los libros

Cada día asombra más el poeta Fernando Pessoa (1888-1935), por su obra original y por la tragedia de su historia personal, por su oposición a la vulgaridad, por la multiplicidad de personalidades que constituyeron al individuo que integró, por todo lo contenido en su monumental obra póstuma: El libro del desasosiego. Este diario es un autorretrato personal de quien siempre se sintió ajeno al mundo, un poeta que pasó como de puntillas por su época pero capturando el momento con agudeza, que murió joven y dejó constancia de la profunda dolencia que afectaría a la humanidad durante el siglo XX. Murió tras invertir alrededor de 20 años en la escritura de este diario conmovedor, que solo se publicó completo hace 30 años.

 

La obra se revela repleta de contradicciones, de razonamientos que perturban, de ataques y conatos de superioridad amparados en la seducción de la derrota completa, como cuando dice: “O estaré internado en un asilo de mendigos, feliz por la derrota completa, mezclado con la ralea de los que se creyeron genios y no fueron más que mendigos con sueños, junto con la masa anónima de los que no tuvieron poder para triunfar ni renuncia generosa para triunfar al revés”. Pessoa renunció siempre en lo personal, dándole vida a sus heterónimos: Álvaro de Campos, Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Bernardo Soares. Son otros los que destacan, personajes inventados, poetas que escriben diferente a Pessoa, que solo con el tiempo se aceptan como una única sensibilidad. En su versión fragmentada, Pessoa busca el fracaso como fórmula en la estructura del éxito. Pessoa estaba convencido de su genio, y sabía que algún día sería reconocido, pero allende su vida, porque la guerra en el mundo real ya estaba perdida.

 

El poeta destaca la importancia de la cosas nimias: “Sabio es quien monotoniza la existencia, puesto que entonces cada pequeño incidente tiene un privilegio de maravilla. El cazador de leones no tiene aventura más allá del tercer león”. Y se siente solo en el mundo, considerándose de alma anormal: “Convivir con los otros es una tortura para mí. Y tengo a los otros en mí. Incluso lejos de ellos, estoy forzado a su convivencia”.

 

El autor combate esquemas y reglas, crea su propio lenguaje, busca los sentidos ocultos. Un libro que perturba y desasosiega, porque nos aproxima a la conciencia.

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