Jueves 9 DE Julio DE 2020
Cartas

Lo psicosocial del racismo

Fecha de publicación: 20-06-20
Por: Luis Vallejo / DPI 2650 50006 0109

El fenómeno social de carácter racista que se está manifestando en los EE.UU. y generalizando a todo el globo terráqueo, tiene aspectos psicosociales sensibles y profundos, cuyas causas deben analizarse. Obsérvese que, quizá, por ser políticamente correcto,  los periodistas norteamericanos traducen “de color” al referirse a los negros o afroamericanos. Como que los blancos no tienen color y, por consiguiente, son incoloros.

En Guatemala, al menos, se distinguen cuatro grupos raciales: negros, blancos, chinos e indios (del país) y cada adjetivo calificativo tiene connotaciones diferentes. A los “negritos” (así los llamamos, con un sentido afectivo entre cariñoso y displacente) raras veces les decimos negros, excepto en ciertas regiones de la costa atlántica, en donde no se considera un insulto. A los chinos los llamamos así y a ellos no les molesta pues no se percibe intención peyorativa, incluso, a las personas con esos rasgos les decimos chinos amigablemente. En cambio, llamar indio a alguien no solo es denigrante sino insultante. Se advierte en ello no solo una condición de clase (el indio es pobre) sino deviene de la actitud de los conquistadores peninsulares que, de esa manera, se distinguían de los otros. Para el blanco, ¿casualmente?, no hay distinción de menosprecio, lo cual refleja que se ha cuidado, consciente o inconscientemente, de no incluir expresiones simbólicas negativas a su raza.

Como se puede intuir fácilmente, se utiliza el racismo para encubrir algún reclamo que no se quiere expresar directamente. Este breve análisis nos permite trasladar las expresiones lingüísticas de la comunicación social cotidiana a lo psicosocial y de esta a lo cultural, puesto que es algo que se asimila en el transcurso del tiempo y se genera en la formación cultural de la familia.

Por tal razón, la modificación de conducta social negativa, se tiene que generar desde el seno familiar educando al niño de manera diferente, porque, aunque nos cueste entenderlo, son los padres quienes forman e internalizan ese modo de pensar y de ser y, por consiguiente, son los responsables de esas rémoras despreciables.