Jueves 14 DE Noviembre DE 2019
Cartas

El Callejón de los Milagros

Fecha de publicación: 16-10-19
Por: César Vásquez Becker / DPI 2557 81644 0101

El Callejón de los Milagros, es el nombre de una de las novelas del escritor egipcio Naguib Mahfuz, Premio Nobel de Literatura 1988. Gran escritor de lengua árabe, fue muy conocido políticamente por su posición abiertamente favorable a la reconciliación árabe-israelí, su liberalismo, su defensa de un islamismo moderado y su rechazo al terrorismo del fundamentalismo islámico. El 14 de octubre de 1994, cuando regresaba de una actividad literaria, el vehículo que le traía se detuvo frente a su casa, en una calle del populoso barrio donde vivía, en El Cairo. En ese momento se parqueó al lado un automóvil Mercedes Benz, del cual descendió un hombre que, dirigiéndose con decisión hacia el escritor gritó: Allahu Akbar! (Dios es grande!) y le clavó dos puñaladas en la garganta.

Mientras el escritor caía gravemente herido, el hombre tiró el puñal en la acera y se metió al carro huyendo apresuradamente del lugar. Mahfuz fue auxiliado e internado en un hospital en donde se le practicó una delicada operación que duró más de cuatro horas. La noticia dio vuelta al mundo en pocas horas. El brillante escritor portugués José Saramago estaba ese día en Lanzarote, en una entrevista para la televisión, respondiendo muchas preguntas sobre religión, política, e inevitablemente, relativas al Premio Nobel, que en esa época aún no se le había otorgado. En su “diario” de esa fecha recogió parte de sus respuestas: “Tal como lo veo: en primer lugar el dinero es de los suecos y ellos lo dan a quien les parece; en segundo lugar hay que acabar con esa historia de ir como con la mano extendida, implorando la limosnita de un Nobel; en tercer lugar, es absurdo hacer depender el prestigio de la literatura portuguesa de si se tiene o no se tiene el Nobel”. Fue en ese punto en el que Saramago recibió la noticia de la agresión al escritor egipcio. Cerró su “diario” con esta frase: “Naguib Mahfuz fue apuñalado. Alá prosigue su divina tarea”. Mahfuz falleció y, tiempo después, fue capturado su atacante y condenado por homicidio. Cuando le colocaron la soga en el cuello para ahorcarlo, en una cárcel de El Cairo, le gritó al verdugo: Allahu Akbar!