Martes 15 DE Octubre DE 2019
Cartas

¿La inclinación al “mal” es ambiental, genética, o ambas?

Fecha de publicación: 21-09-19

MARCO TULIO GARCÍA / DPI 1949 92918 0101

Nuestro encéfalo es órgano contenido dentro del cráneo, y el cerebro o corteza cerebral y otras partes del encéfalo, tienen como funciones recibir información del resto del cuerpo, interpretarla y guiar la respuesta del cuerpo. Es el último responsable del pensamiento y movimiento –voluntario e involuntario– que el cuerpo produce. Los tipos de estímulos que el cerebro interpreta incluyen los que recibe a través de los órganos de los sentidos. También interviene en operaciones vitales como respirar, liberar hormonas o mantener el nivel de presión arterial, pulso, y otras. También nos permite interaccionar exitosamente con el medio al comunicarnos con otros seres vivos e interactuando con objetos inanimados. Yo sigo pensando que “el mal o el bien” se aprenden desde que el niño tiene la más mínima conciencia de su ambiente, y cuando observamos a niños pequeños, vemos cómo aprenden fácilmente a actuar como sus padres y demás familiares. Yo no dudo en afirmar que muchas conductas consideradas desviaciones de la norma (lo normal) fueron aprendidas o tienen como causa una experiencia que dejó una gran huella en el cerebro del niño, dependiendo de la intensidad del estímulo y de la susceptibilidad de este por su edad y otras circunstancias. Sin embargo, existen opiniones en que le dan mucho peso a las características heredadas, algo que utilizaron con mucho fervor los allegados al Partido Nazi, y por el contrario, los Socialistas, le daban más peso a lo ambiental, principalmente a la pobreza.