Martes 10 DE Diciembre DE 2019
Cartas

El niño que no le atinaba a nada

Fecha de publicación: 18-07-19

JORGE RIVERA DEL ÁGUILA / DPI 1770 67772 0101

Un niño se ilusionó con tener dos avioncitos que le encantaban. No se aguantó y se fue a escondidas a la tienda donde los vendían y al tendero le aseguró que los iba a comprar, que se los apartara, que no los fuera a vender porque ya serían de él ese mismo día. El señor del almacén le aseguró: simple, patojo, trae el dinero y te llevás los avioncitos. Al regresar el niño a su casa sus papás le dicen que, qué lástima, que no hay dinero y que por eso no va a tener los juguetitos voladores. Además está castigado por hacer las cosas sin avisarles y sin permiso. La siguiente vez que el patojo se topa con el tendero, ya nos podemos imaginar los reclamos que le hace el dueño de la tienda y la vergüenza del crío, porque no se aseguró primero de tener el dinero ni los permisos necesarios para poder comprar los avioncitos que tanto deseaba. Fin de la parábola.

Es que este niño es muy especial. Una vez dijo que hay que combatir la delincuencia persiguiendo al delito, pero no a los delincuentes, lo que a todos pareció una insensatez, para decirlo de forma muy suave. Antes se había ido a quejar con un policía contra una “comisión” que lo perseguía por las travesuras que hacía, pero el policía no le “topó” su queja porque no tenía razones que lo respaldaran. Quedó en ridículo ante muchos, ni más ni menos que como en el caso mencionado al principio, cuando fue a comprometerse con los avioncitos sin tener asegurado el dinero para comprarlos. Ahora no quiere a los niños de otros países y los expulsa de su casa, pero al mismo tiempo no rechaza, sino que, al parecer acepta, la proposición de un señor poderoso que lo quiere obligar a que su misma casa se convierta en un hervidero de niños de otros países, igualitos y en la misma condición que los que ahora está expulsando. Este muchachito es contradictorio y desconcertante. Parece más desorientado que cuando en las piñatas y, con los ojos vendados, trata de pegarle a esa estructura infantil de brillantes colores, una y otra vez, pero sin nunca lograrlo.