Miércoles 24 DE Abril DE 2019
Cartas

Cuando hay hambre no hay tiempo ni ganas de aprender

Fecha de publicación: 06-02-19

MARCO TULIO GARCÍA ESCOBAr / DPI 1949 92918 0101

Los países desarrollados dedican muchos recursos a la educación del niño, porque saben la importancia de esto en el desarrollo sano de él y de la sociedad. Niños con buena educación serán buenos ciudadanos, y cuando sean adultos estarán convencidos de su papel en la sociedad de la cual son parte, y harán de ella una sociedad desarrollada y pujante. ¿Qué pasa en los países subdesarrollados como Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala –y otros de Latinoamérica–? Por ser sociedades edificadas sobre columnas de barro, por una cultura en decadencia en el siglo XV, y no haberse preocupado de las mayorías que eran indígenas y mestizas, vemos las consecuencias en el siglo XXI. Las migraciones son consecuencia de los problemas políticos y económicos de la región centroamericana, principalmente del llamado Triángulo Norte. Y la culpa la tienen las elites tanto económicas como militares y religiosas, por su visión miope en este sentido. Solo se han dedicado a robar descaradamente –en muchas formas– de los impuestos que son fruto del trabajo de la gente honrada, manteniendo el caos de estos pueblos. Que niño o adulto querrá aprender algo, si el estrés y los constantes problemas no le dejan tiempo ni ganas para eso. La educación –el conocimiento– es poder, como bien lo han sabido los religiosos en todas las épocas. Si los Gobiernos no erradican la corrupción, e invierten en la educación y salud, no habrá progreso.

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