Lunes 24 DE Septiembre DE 2018
Cartas

José Arturo Sierra González

Fecha de publicación: 26-04-18
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† Memoria breve por un amigo ideal. Alejandro Maldonado Aguirre

 

Conmovedor es siempre el aviso que se recibe de que un ser de su afinidad está sufriendo un dolor que perturba su vida, su hacer y su pensar. Noticias van llegando de las penas del amigo que las sufre, y bien quisiera uno dotarlo del bálsamo que las alivie. A veces es posible acudir a su consuelo y en otras ocasiones a compartir solidariamente la angustia para, juntos, hallar mutua conformidad y valor para afrontar lo que ha de ocurrir. Sucede muy dolorosamente cuando una enfermedad terminal o la senectud consumen irrevocablemente un ciclo y solo estamos pendientes del aviso de que ha concluido. De alguna manera estábamos preparados y, aun cuando el óbito ya estaba próximo, siempre es causa de angustia llegar a su final.

 

No ocurre igual cuando un amigo, un compañero, un conocido y en especial un familiar deja de súbito su vida cuando aún se esperaba mucho de su calidad, afecto, inteligencia y generosidad social. Persona de bien, paradigma de ética, promesa de superioridad moral. Talento puro, sentimiento limpio, compañerismo y fraternidad.

 

Esto y mucho más sentimientos pasaron por mi mente atribulada por la brutal y grosera noticia del crimen cometido contra un hombre justo, un compañero de tarea, un maestro pródigo, un jurista profundo y un ser humano ejemplar. Compartimos cinco años de trabajo diario, serio, ecuánime, creador y ético. Él y los demás magistrados, cada quien con su propio perfil jurídico-doctrinario y con su correspondiente perspectiva de los hechos, pero todos convergiendo vocacionalmente por la mayor aproximación posible al ideal de lo justo, que es la verdad.

 

Él, José Arturo Sierra González, idóneo, excelente, imparcial, independiente, paciente, inteligente, serio, creíble, irreprochable, solidario, prestigioso, de buen humor y, sobre todo, amigo leal. Así lo aprecié siempre, con todo mi respeto y fraternidad.

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