Miércoles 21 DE Noviembre DE 2018
Cartas

El Conflicto Árabe-Israelí-Antisemitismo

Fecha de publicación: 02-03-18
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Luis Fernando Levi / DPI 2571 73802 0101

 

El término antisemitismo refiere hostilidad hacia los judíos por prejuicios religiosos y culturales, o sea étnicos; que equívocamente incluye connotaciones raciales, desde luego que no existe una raza judía. La violencia y persecución antisemita contra comunidades judías en Europa del Este, Rusia, Polonia y Hungría, se agudizó a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, forzando a más de 35 mil judíos a emigrar de esos países hacia Palestina de 1884 a 1914, en lo que se conoce como la segunda aliyá, en su mayoría jóvenes atraídos por noticias del desarrollo de granjas comunales y la visión sionista de forjar un país que sería su patria. Esta inmigración dio paso a la creación de nuevas granjas como Kfar Giladi, Kinneret y Ayelet ja’Shaar. La ciudad de Tel Aviv fue fundada en 1909. No todo era un lecho de rosas en Palestina, bandas de delincuentes asediaban a los colonos, con asaltos y robos esporádicos.

 

Los asentamientos judíos en Palestina fueron establecidos en terrenos comprados al imperio otomano o legítimos propietarios, como la familia Sursuq de Beirut, que de 1912 a 1925 vendió 32 mil 368 hectáreas en el Valle de Yizra’El a la Mancomunidad Americana de Sion, cuyos tributos eran pagados al Defter del imperio otomano. En la adquisición de tierras por los colonos judíos nunca hubo expropiaciones, expulsión de residentes árabes-palestinos, robo o usurpación de tierras como ha acusado por décadas la propaganda antiisraelí.

 

El Sheriff de Meca, Husayn Ibn Alí, quien galvanizaría la “revuelta árabe” de 1916 con apoyo británico contra el imperio otomano, no objetaba públicamente la llegada de inmigrantes judíos, al contrario, aunque lejos de su dominio les daba la bienvenida por razones religiosas, y porque traían desarrollo, avances en medicina y medidas sanitarias desconocidas en la región. En este tiempo, tanto nacionalistas árabes, sionistas y kurdos seguían de cerca el desarrollo de eventos mundiales, cada quien con aspiraciones de fundar Estados independientes o monarquías, cabildeando con el gobierno del imperio británico, los franceses y otomanos, para alcanzar sus doradas aspiraciones en el Medio Oriente.

 

La llegada de los colonos judíos a Palestina significaba flujo de capital, fuentes de trabajo y comercio. El califato del Husayn bajo el imperio otomano, dependía económicamente del peaje de los peregrinos a sitios santos musulmanes en Medina y Meca, Jerusalén estaba fuera de su jurisdicción. La riqueza petrolífera árabe aún no era conocida.

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