Viernes 16 DE Noviembre DE 2018
Cartas

Violaciones en serie

Fecha de publicación: 30-08-16
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Raúl García-Salas Hernández / DPI 1665 66551 1604

La pregunta que se hace la ciudadanía desde el calor de sus hogares o cuando la fatalidad les ha golpeado desde lo más profundo de sus corazones es ¿Cuántos niños y niñas deberán sufrir el flagelo de ser violentados en su intimidad al sufrir una violación?

¿Cuántos de estos futuros ciudadanos y quizás líderes alguna vez de este Estado ya colapsado van a ser mutilados en su niñez y en su mente y en su corazón, antes de que este mismo Estado reaccione de una forma ejemplar?

No basta con llevar una estadística fría, y sin consecuencias, con crear una o más fiscalías específicas para este tipo de delitos. No basta con capturar al o a los responsables de semejantes atropellos en contra de nuestros niños y mucho menos con llevarles un juicio, encarcelarlos para pagar una multa y un tiempo de sus inútiles y desperdiciadas vidas si no hay regeneración para ellos. Nadie va a preocuparse jamás por ellos y a la menor oportunidad van a escapar de las cárceles (si hubo alguna de las víctimas lo suficientemente valiente y decidida a delatarlos, a reconocerlos y contribuir a su condena).

Los violadores son lacras de la sociedad en que vivimos y no merecen ninguna oportunidad. Si son capturados in fraganti o son acusados con pruebas contundentes, pedimos a la justicia guatemalteca que actúe con mano dura y que se considere no solo la castración sino la pena de muerte que quizás no disuada a los demás violadores en potencia, pero al menos eliminaría a un delincuente que no podrá volver a cometer un delito que ya se volvió una repetición a diario y que los juzgadores deberán ponerse la mano en la conciencia y pensar qué sucedería si fuera uno de sus familiares el niño o niña que no volverá a ser ni niño o niña jamás. El tema de embarazo merecería comentario aparte por la carga extra para una pobre muchachita que tiene que cargar con un embarazo del papá, del padrastro, del hermano, del tío, del primo o de cualquier antisocial que repito, solo la muerte podría librarnos de ellos. Gracias por su atención.

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