Lunes 19 DE Noviembre DE 2018
Cartas

Conductas

Fecha de publicación: 21-06-16
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Gustavo Adolfo Chacón Figueroa / DPI 1730 79903 1901

Existe cierta semejanza entre las actitudes asumidas por los señores de los carteles que se dedican al negocio ilícito de estupefacientes y algunos funcionarios que se estrenan en el goce del poder político.

Tanto unos como otros no pueden resistir la tentación de la ufanidad y el lucimiento. De esa cuenta, de la noche a la mañana aparecen luciendo la ostentación conseguida con  la acumulación de dinero de fácil obtención. Se vuelve necesario el deslumbramiento, fruto de una condición soñada y envidiada.

Enceguecidos y ensoberbecidos por la embriaguez del poder, pierden el sentido de la ubicación, y olvidan que por medio del dinero podrán mejorar de estatus, pero no les dará clase y mucho menos casta, ya que en esta última las membresías hace años están agotadas y sus miembros cierran filas ante la presencia de incómodos arribistas. Como botón de muestra, las jornadas iniciadas en abril del año anterior, hábilmente manipuladas por “manos invisibles”, terminaron con los sueños de grandeza de quienes perdieron la dimensión de la realidad, y con el atrevimiento de quien tuvo la osadía de desafiar a los sempiternos detentadores del poder real.

El ritmo marcial de La Granadera, los convoyes de móviles blindados con que pasa el cortejo y la prestancia de innúmeros edecanes, únicamente son enloquecedores cantos de sirenas que se deben escuchar amarrados al mástil de la humildad y de la dignidad; no hacerlo puede significar perderse en el mar de las tinieblas de la vanidad y de la presunción ridícula, con las consabidas consecuencias.

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