Miércoles 17 DE Julio DE 2019
Cartas

De la calle Crisis, gire a la derecha

Fecha de publicación: 11-06-16

LUIS FELIPE GARRAN

Como si fuera un partido de bádminton, el gallito de la incertidumbre fue colocado sobre la red y este cayó, por seis décimas porcentuales, del lado del ecologista Alexander Van der Bellen. En otras circunstancias Europa se habría opuesto rotundamente (y con razón) a un gobierno con ideas izquierdistas tan marcadas en un país como Austria (que aporta €2 mil 691 millones al presupuesto total de la UE), pero en este caso resultó ser un alivio que así fuera. ¿La razón? El contrincante de Van der Bellen en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales era el ultraderechista, xenófobo y euroescéptico Norbert Hofer del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ).

El resultado final no se supo hasta el día siguiente de los comicios, y fue el voto por correo de los austríacos en el extranjero el que decidió que Hofer no se pusiera al frente de tal república federal parlamentaria. Sin embargo, aunque algo más de la mitad de los votantes del país centroeuropeo decidió que Van der Bellen fuera presidente, la otra parte, poco menos de un medio, lanzó un mensaje a Europa y al mundo: a la ultraderecha se le abrió el camino y esta lo está aprovechando a pasos agigantados.

Tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial y los fascismos del siglo pasado, la población europea quedó marcada por la cantidad de límites que fueron traspasados, y acuerdos como el de la creación de la Unión Europea o la habilitación del Espacio Schengen parecían ser la prueba de que el repudio por tales eventos era bastante amplio. Esa fábula de armonía y amistad internacional nos trajo una moraleja: la convivencia se termina junto con la bonanza. Primero fue la crisis económica global de la década pasada, después la caída de mercados como el portugués o el irlandés y finalmente el arribo masivo de inmigrantes, desde los subsaharianos que llegaron a las costas mediterráneas del oeste hasta los sirios y su odisea por el Mediterráneo oriental para huir de la guerra. Y claro, los atentados en Francia y Bélgica.

El problema de las crisis es que, aunque a veces sacan lo mejor de las personas, en otros casos desvelan sus mayores temores, hecho que suele ser aprovechado por grupos radicales. Quizá allá por 2008 los partidos de ultraderecha no podían ni imaginar con tener una representación significativa en los parlamentos europeos, pero seis años más tarde empezaron a aparecer informes de alarma por toda la Unión ante lo que hoy es una realidad; es imposible negar el peso que ha adquirido la extrema derecha.

Aunque la diferencia entre los Verdes y el FPÖ fue de 0.6 por ciento, el porcentaje de votos del segundo sobre el total es del 17.5 por ciento; el del Frente Nacional francés (de la misma línea) de Marine Le Pen es del 13.6 por ciento; en Dinamarca, el Partido Popular tiene el 12.3 por ciento y en Hungría el JOBBIK ya alcanza el 20.2 por ciento. Traducción: la confianza de un pueblo que ha perdido la orientación porque las promesas de bienestar infinito garantizado le hicieron olvidar que a veces el camino no está asfaltado ha sido depositada en personas que traen soluciones a problemas que ellos mismos han catalogado como tal. Xenofobia, ultranacionalismo, euroescepticismo, no son acusaciones, es como se autodefinen.

De entre tanto dato también podemos sacar algunas anécdotas curiosas. Por ejemplo, el Instituto para la Economía y la Paz catalogó a Austria como el tercer país más pacífico del mundo en 2015, ¿esa “paz” aplicaría para todos con ideas como las del FPÖ? Otra; los países en los que más fuerte pegó la crisis económica, o sea, Irlanda, Portugal, España y Grecia, no tienen representación significativa de la ultraderecha dentro de su política, aun cuando, además del tema económico, los dos últimos tienen el tema de los inmigrantes al inicio de sus agendas. En Portugal, incluso, el gobierno está formado por una gran alianza de partidos de izquierda.

Parece que Europa ha decidido su nuevo destino. No llegarán a él usando el servicio de Uber porque lo tienen prohibido en muchos sitios, pero siempre hay un viejo viandante que les puede dar indicaciones sobre el camino. Quizá este sea verdaderamente viejo, quizá no recuerden que ya lo habían visto, porque intentaron olvidarlo, pero él les dijo que fueran por la derecha, y algunos ya han puesto el intermitente.