Jueves 15 DE Noviembre DE 2018
Cartas

El vino nuevo requiere de odres nuevos

Fecha de publicación: 23-10-15
Por: Martín Rosales Flores / Economista
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Hacer lo contrario o sea, meter vino nuevo sobre odres viejos afectará –tanto a uno como al otro– o se romperán los odres o se amargará el vino. Traigo esta cita bíblica a colación, en relación a la coyuntura que se da entre elegir entre una candidata con “personalidad y trayectoria” pero, con una nefasta experiencia, plagada de señalamientos de practicar esquemas “populistas y clientelares” además de una estela de varios “ayotes” dejados en el camino, prepotencia y corrupción y un equipo de exguerrilleros (los Peludos) incapaces que la siguen a ciegas, y un candidato sin experiencia, sin ideología definida, pero química y moralmente honesto “sin tacha” con “casta” de ser un tipo honesto y bien intencionado que, para Guatemala, representa ese vino nuevo, una nueva oportunidad de conformar un “equipo” ad hoc para empezar a sacar la carreta de la barranca y que, personifica e integra muestra actitud de “rechazo al sistema”, de parte de la mayoría de los guatemaltecos y guatemaltecas, que hemos sido protagonistas de un cambio generacional sin precedentes en la historia del país.

A pocos días del 25 de octubre fecha para realizar la segunda elección presidencial, los guatemaltecos tendremos que escoger entre dos opciones. Ambas opciones poseen fortalezas, debilidades, defectos, cualidades, pero sobre todo riesgos.

Los políticos nos han hecho creer que, con la llegada de su “nueva elite gobernante” las cosas van a cambiar ostensiblemente. La evidencia empírica confirma que, el cementerio de partidos políticos (cacastes electoreros) hasta la presente fecha, y sus respectivos gobiernos han perseguido consistente y sistemáticamente un cambio, pero hacia lo negativo y han sido entes inodoros, incoloros e insípidos sin ninguna trascendencia.

Cada cuatro años llegan nuevos presidentes y vicepresidentes, nuevos diputados y nuevos alcaldes. Cada uno de ellos ha hecho y se ha comprometido ante los electores, mediante una serie de ofertas, listas de Santa Claus y promesas para resolver los problemas locales, regionales y nacionales: para mejorar los índices de combate a la corrupción, combatir la pobreza, la falta de seguridad, mejorar el sistema educativo, salud e incluso para hacer más competitivo al país.

El grado de perversión de los gobernantes guatemaltecos constituye una patología en constante crecimiento y, cada vez los mecanismos de sustracción de recursos de las instituciones del Estado, se sofistican más y más. Resulta que los nuevos y los viejos políticos quieren construir sobre estructuras corruptas (odres viejos) nuevos e innovadores esquema y, cuando tienen y deben tomar decisiones de cambio, prefieren “acomodarse” y formar parte del sistema y continuar beneficiándose del “río de estiércol y corrupción” que engrosa sus carteras, y que forma parte de un sistema cooptado por mafias, en lugar de denunciarlas y enfrentarse a las mismas.

En Guatemala, se ha venido dando un fenómeno paradigmático inverso: ¡el cuerpo pudre a la cabeza! y,  cuando la cabeza de una organización está podrida, el resto de los miembros y órganos imitarán dicha maldad, hasta el punto que juntos “conviven” beneficiándose ambos per saecula saeculorum

Estamos en una situación muy delicada: tenemos que elegir a uno o a otra.

Ahora bien, los riesgos se han de tomar porque el que no arriesga no gana, probablemente te puedas evitar sufrimiento y dolor pero, “únicamente arriesgando” se consagra la “libertad”.

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