Jueves 21 DE Marzo DE 2019
Cartas

Gobierno, política, corrupción y consciencia moral

Fecha de publicación: 18-07-15
Por: Marco T. García / DPI 1949 92918 0101
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La consciencia moral es el superego de S. Freud, todas aquellas cosas que nos dijeron nuestros padres, abuelos, tíos, hermanos mayores, maestros, vecinos (la sociedad) que eran buenas o malas desde que nacimos, y que quedaron en nuestro cerebro grabadas y que nos dirigen en nuestros actos y también atormentan y producen enfermedad mental –depresión, psicosis–, cuando hacemos algo que creemos que estuvo mal de acuerdo a lo que pensamos y creemos. Cualquier persona perteneciente a cualquier grupo o religión puede hacer cosas malas de acuerdo a las normas establecidas por su cultura, de allí que nadie está libre de culpas. Por un lado, hay personas incapaces de pensar hacer cosas malas, y por el otro, quienes su vida está llena solo de pensamientos de cómo hacer el mal, día tras día –los delincuentes y los criminales–. Solo los sociópatas no tienen consciencia moral, son incapaces de sentir culpa y remordimiento, incluso si son castigados con prisión u otra forma de castigo, nunca aceptan que hicieron cosas malas –el famoso capo de origen italiano Al Capone de los años treinta en los EE. UU. siempre dijo que por qué lo castigaban, si él era una buena persona–. Estos sociópatas tuvieron una infancia llena de pobreza material y moral, y sobrevivieron porque eran de constitución fuerte, y para ellos la vida se trata de buscar siempre su beneficio no importa si es a costa de los más débiles y pobres, de allí que el robo, la estafa, el soborno, la corrupción y el asesinato para ellos no es nada más que la imposición del más fuerte sobre el más débil. La única forma de cambiar una sociedad muy corrompida como la nuestra, es homogenizando los valores sociales, algo que debe hacerse sobre los niños de todos los estratos sociales, algo difícil aunque no imposible, al estilo como lo hizo el Estado de Israel con los Kibutz con la agricultura y que posteriormente fue utilizado en la educación. Los políticos corruptos, militares, y otros grupos que tradicionalmente han tenido privilegios y se han aprovechado de los recursos de la población –los impuestos– son los que primero se opondrían a cualquier proyecto de este tipo. No se trata de quitar libertades, sino de hacer el esfuerzo de disminuir la pobreza y sus consecuencias –incluso la corrupción gubernamental y política y las mafias–. Europa tiene buenos ejemplos de sociedades libres pero muy humanas con sus habitantes, en donde hay ricos, pero no pobres, y después de haber alcanzado este nivel de prosperidad, ahora lo único que tienen que hacer es, defenderlo, lo que no les es difícil porque su población tiene los mismos objetivos todos. La felicidad –para los que creen que solo el dinero la da– decía el filósofo griego Aristóteles había que buscarla en el punto medio de todas las cosas, no en los extremos.

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