Lunes 10 DE Agosto DE 2020
Acción

Maracanazo inolvidable

Inmediatamente después de terminada, la final del Mundial de 1950 en el Maracaná dejó de ser un partido de fútbol. Se convirtió en una metáfora sobre cómo el pequeño puede tumbar al gigante.

 

Fecha de publicación: 14-07-20
Por: AFP

Hoy, 70 años después, analistas aclaran que aquel encuentro que se incrustaría a fuego en las historias de Brasil y Uruguay tuvo poco de casualidad y mucho de confirmación.

Día inolvidable

Domingo 16 de julio de 1950, Rio de Janeiro. Los diarios adelantaban la victoria en sus titulares: a Brasil le bastaba con un empate para levantar la Copa del Mundo.

Sobre las 3 de la tarde, el plantel local salió a la cancha del estadio Maracaná, rebosante de espectadores como nunca volvería estarlo, con remeras que rezaban “Brasil campeón” debajo de sus camisetas. El alcalde carioca, Angelo Mendes de Morais, vaticinó por altavoces, y en la cara de la oncena visitante, que en minutos la Seleçao se consagraría campeona del mundo.

Afuera, carrozas y fuegos artificiales aguardaban el pitazo final que le daría a Brasil un título mundial de fútbol por primera vez en su historia. Todo el país estaba pronto para la fiesta.

Noventa minutos más tarde, con el 2-1 a favor de Uruguay, el jolgorio daba lugar a la conmoción.

“Fue la primera vez en mi vida que escuché algo que no era ruido”, diría años más tarde el capitán Juan Alberto Schiaffino, autor del primer gol uruguayo, sobre el silencio envolvente de las 200.000 personas que colmaban el estadio.

Fue, también, el inicio de un mito que se volvería parte del ADN uruguayo.

Desde entonces, Maracanazo es, por antonomasia, cualquier triunfo que se produce en la adversidad y contra todos los pronósticos.

Sin embargo, 70 años después del partido que se convirtió en la versión deportiva de David contra Goliat, analistas dicen que el resultado tuvo más de lógica que de hazaña.

Derribando mitos

A pesar de que la historia ha alimentado el mito como resultado de “una gesta heroica” de los uruguayos, el periodista Atilio Garrido, autor del libro “Maracaná, la historia secreta”, asegura que el triunfo visitante “no fue casualidad”.

Apenas en mayo de 1950, ambas selecciones se habían enfrentado en otro torneo, la Copa Rio Branco, donde Uruguay se presentó “sin director técnico, sin entrenamiento, con total desorganización”, según Garrido, en tanto “Brasil venía de una concentración de tres meses a régimen militar”. Sin embargo, la Celeste se impuso en el primer partido 4-3.

“Y perdió ajustadamente y con errores del árbitro los otros dos encuentros por esa copa”, apunta por su lado el periodista Luis Prats, quien ha escrito múltiples libros sobre fútbol.

“Con el Maracanazo, a veces se pone el acento en el tono de ‘hazaña’ (…) y se deja de lado que Uruguay tenía un gran equipo”, agrega.

La Celeste era por entonces una potencia futbolística, con dos títulos olímpicos (1924, 1928) y uno mundial (1930), que consiguió invicta. Por eso “Maracaná fue una confirmación para quienes lo vivieron”, dice el sociólogo Felipe Arocena, de la Universidad de la República.

“Esto fue bastante más que la final del 50, aunque la épica de Maracaná terminó opacando” la campaña de tres décadas anteriores.

“Era un partido posible de ganar y perder”, insiste Garrido. “Lo convirtió en gesta la historia que se escribió después”.