Martes 11 Abril 2017
La Columna

Adiós a Armand Gatti y a Arturo García Bustos

Lado b

— Luis Aceituno

Dos grandes artistas del siglo XX, cuyo trabajo estuvo ligado íntimamente a Guatemala, murieron la semana pasada. Se trata del pintor mexicano Arturo García Bustos y del poeta y dramaturgo francés Armand Gatti. El primero fue el fundador en 1953, durante el gobierno de Jacobo Árbenz, del Taller de Grabado, que tendría una influencia definitiva en el desarrollo del arte nacional contemporáneo y que nos legó una serie de obras que definieron en buena medida la estética de una época tumultuosa, que llamaba al compromiso con las grandes ideas que liberaban a los pueblos. García Bustos murió en los brazos de la pintora guatemalteca Rina Lazo, su compañera de vida y de batallas desde 1949. Se habían encontrado en casa de Frida Kahlo y Diego Rivera, de quienes eran sus ayudantes y aprendices. Él hacía parte en esos años de un grupo de muchachos apodados Los Fridos, por su cercana relación con la mítica pintora. Con ella fueron creando una nueva concepción del arte callejero. Pintaban murales en los lugares más inusitados como los lavaderos frecuentados por las mujeres de los barrios populares de la ciudad de México. Es esa manera de concebir la función del artista, como un transformador de la sociedad y del espacio público, lo que marcará su trabajo en este país. La intervención estadounidense de 1954, la caída de Árbenz, el final de la revolución y la democracia guatemaltecas fueron hechos que definirían su vida y su obra.

Armand Gatti, por su parte, es una de las grandes leyendas del teatro popular. En la actualidad suena no solo desfasado, sino extraño, hablar de unos años en que el teatro quiso cambiar el mundo y de una serie de hombres y mujeres que se involucraron a fondo en esta transformación a través del pensamiento, la escritura, el cuerpo y la palabra. “Transformar la realidad y transformar la vida”. Esta consigna de Rimbaud guió la búsqueda y el trabajo de Gatti durante una trayectoria que fue fecunda e inmensa en contenidos y propuestas. Nacido en la provincia francesa, de padres anarquistas italianos, se alistó a los 18 años en la Resistencia durante la II Guerra Mundial y fue capturado por los nazis. Estuvo prisionero en un campo de concentración alemán, del que logró escaparse. Luego de la guerra, se convirtió en un reputado periodista.

Su relación con Guatemala comenzó en 1954, cuando vino al país como enviado especial de la revista Paris Match para cubrir la caída del gobierno de Jacobo Árbenz. De esa experiencia, surgió su primera pieza teatral, El Quetzal o El pájaro dólar, escrita en 1956. Tres años más tarde, escribió Le Crapaud-Buffle (El Sapo-Búfalo), sobre la figura del dictador, que fue su primera obra puesta en escena. En Francia entabló una fuerte amistad con Miguel Ángel Asturias y, en los primeros años ochenta, conoció también a Manuel José Arce. De ese encuentro surgirá el montaje de algunas obras de teatro, como Árbenz, el coronel de la primavera del escritor guatemalteco, y las piezas de Gatti La ruta de Zacapa, sobre la muerte de Otto René Castillo, y La crucifixión mestiza, sobre las masacres a los pueblos indígenas guatemaltecos. Entre sus últimos montajes se encuentran Primer viaje en lengua maya y Segundo viaje en lengua maya con surrealistas a bordo. Gatti fue un hombre rebelde y uno de los teóricos y directores teatrales más respetados de la segunda mitad del siglo XX.

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