Miércoles 15 Marzo 2017
La Columna

La vida después del horror

lucha libre

— Lucía Escobar

El libro El hombre en busca de sentido, es un testimonio escrito por el psiquiatra y neurólogo austriaco Viktor E. Frankl, sobreviviente del genocidio nazi. En sus páginas, desnuda su vida como prisionero en Auschwitz y Dachau para intentar explicarse cómo un ser humano puede resistir día a día, durante años, experiencias dantescas e inhumanas. ¿Cómo y dónde queda la dignidad en circunstancias así? Lo interesante de Frankl es que no se detiene únicamente en detallar los horrores que vivió si no que pone la lupa en la sobrevivencia. ¿Qué motiva a un ser humano a querer seguir viviendo después de haber sido mancillado, violado, humillado, golpeado? ¿De dónde saca fuerzas para seguir creyendo en el amor y la felicidad? ¿Qué papel tiene el humor en la resistencia? Y ¿cómo una vida interior rica puede ser una burbuja ante los horrores físicos que se viven? Frankl además dedica un capítulo en analizar la psicología del verdugo. Analiza a los guardias de los campos de concentración. Se da cuenta de que algunos fueron escogidos precisamente por ser sádicos pero también recuerda, por ejemplo, a un miembro de la SS que compraba medicinas, con su dinero y a escondidas, para los presos. Así llega a la conclusión que en cualquier ambiente y profesión hay gente decente y gente indecente. Y dice: ¿Qué es en realidad el hombre? Es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que ha inventado la cámara de gas, pero, asimismo es el ser que ha entrado en ella con paso firme musitando una oración.

Estos días he pensado mucho en ese libro, he vuelto a él y en sus páginas he tratado de buscar algún consuelo para las niñas sobrevivientes del incendio del 8 de marzo en Guatemala. Las cuarenta que murieron están fuera de este infierno, dejaron de sufrir. ¡Pero qué cosas vivieron esas muchachitas! Es terrible pensar que esta situación que han descrito las niñas y sus familiares, sucede cotidianamente dentro de un hogar del Estado. Sabemos que hay más, que hay miles de niños “recogidos” juzgados y aislados. Sabemos que los torturan, los abusan, los explotan. Sabemos que la trata de personas y la esclavitud sexual son realidades que dejan millones de dólares de ganancia. Sabemos que las denuncias, demandas, ruegos y súplicas de casi medio centenar de niñas no fueron escuchadas y tuvieron que morir quemadas para que las tomáramos en serio.

Estamos en deuda. Una forma de pagarles es no permitir que la ternura termine calcinada junto con ellas. En medio de tanta rabia resguardemos la alegría, tal como hizo la niña que vi en una fotografía. Tenía una gran sonrisa llena de esperanza. Me iluminó a través de la ventana de un bus que se alejaba para siempre del infierno mal llamado Hogar Seguro Virgen de la Asunción.

@liberalucha

comentarios

5 respuestas a “La vida después del horror”

  1. Juan J. Perez dice:

    El Hogar Seguro tal vez es un infierno pero de buylling, entre grupos de jóvenes y de señoritas con currículums vitae marca Acme, muchísimas repudiados por sus padres ahora “indigandos” o deseosos de re$ar$imiento. Es una equivocaciòn asumir que hay tratos crueles por parte de empleados y empleadas psicòticos o pervertidos sexuales. Los que nos hemos ya informado de lo que pasa allì, sabemos que las relaciones sexuales se dan pero entre muchachos que se saltan la barda de 3 metros para reunirse con las jovencitas que logran salirse de los dormitorios femeninos a deshoras. Cuando termine la investigación quedarán en evidencia las mil mentiras que se han dicho y tanto sonso o sonsa se han creìdo.

  2. alejandro rivera dice:

    Hecharle toda la culpa a los mismos reclusos es erroneo. Es de todos sabido que las autoridades y sus colaboradores tampoco son unas almas de Dios. Tambien ellos son malacates y corruptos y abusan de la autoridad que tienen. El tushte que da el juan perez es pura casaca turbia..

  3. Juan J. Pérez dice:

    Vos Rivera, no es casaca. Solo imaginá que en caso el tener chance de monitor realmente diera opción al disfrute carnal de tantìsimas jovencitas, ese empleo sería de los más deseados, disputados y hasta comprados a buen precio. Pero dicen los bien informados que no hay monitores hombres a cargo de las jovencitas, sino monitoras mujeres. Por lo cual se cae totalmente el argumento de abusos sexuales y es totalmente aceptable la del normal brincamiento nocturno de la cerca por parte de los birriondest boys (habrìa negligencia en las autoridades si no les dan condones).

  4. René Villatoro dice:

    El horror puede empezar a explicarse, cuando lees a comentaristas como ese Pérez, que no hace más que justificar el que 40 niñas murieran calcinadas, ya que no eran más que señoritas con un “curriculum vitae marca ACME”, empiezas a entender por donde está la brújula moral de nuestra sociedad. De eso a justificar limpieza social, tierra arrasada, torturas, desapariciones, no hay más que un paso, un paso muy pequeño. Seguro que Frankl, después de vivir en el horror de los nazis, no podría menos que espantarse de los horrores que vivimos en estos trópicos, horrores plenamente justificados por pobladores como “Juan J. Pérez” que parecen más que pobladores, custodios del infierno.

  5. Ing. Yonochoko Mimoto dice:

    El riverita éste no sabe que la Magnesia es diferente a la Gimnasia.

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