Sábado 7 Enero 2017
La Columna

Los Niñito Jesús

— María Elena Schlesinger

La devoción doméstica a Jesús recién nacido ingresó por la puerta grande de las casas católicas, las que rápidamente copiaron los belenes y nacimientos que se hacían en las iglesias, principalmente en las franciscanas. La devoción de la natividad de Jesús gira alrededor de la imagen de bulto del Niño Dios, esculturas de dimensiones pequeñas, las cuales tradicionalmente eran esculpidas en madera finas y encarnadas según la tradición occidental. Réplica de un niño recién de origen caucásico, de ojos claros de vidrio, pelo castaño, pestañas muy grandes y ojeras, y por lo general sin rasgo de sexo masculino como para mostrar la castidad del pequeño recién nacido.

Era la tradición vestir al Niño con vestidos de mujer y gorrita de organza o lana, traje engalanado con encajes y listones, tal cual lo hacían con los niños varones de los siglos pasados, niños que por tradición dejaban crecer el cabello y ataviaban como niñas hasta los dos o tres años de edad, tiempo en que se consideraba que los varones se habían salvado de morir y se habían “logrado”.

Por intuición o saber maternal, estaba comprobado que las infantes eran más fuertes y saludables, y sobrevivían más el embate de las enfermedades y el clima que los pequeños varones, por lo que se inició la costumbre de dejarles crecer el cabello y vestirlos de mujer con el propósito de “confundir” a la señora Muerte. Para burlarse de ella en su recorrido macabro de llevarse con ella a los niños. Esta costumbre, de vestir a los niños varones de mujer, pasó también a las imágenes de Jesús recién nacido, la que aún permanece como recuerdo de otros tiempos, más imaginativos e ingenuos.

Entre las características más singulares de los niñitos chapines más antiguos tenemos los que tienen un pequeño morete en la espalda, signo pasional y augurio del sufrimiento futuro. O los Niños Pasionarios, los que tienen a su lado su pequeña cruz, la que puede ser incorporada para crear al Niño Nazareno; o los que tienen las marcas de los clavos o la llaga en el costado, esculturas de dramático carácter barroco.

Los Niños Dios domésticos de los hogares guatemaltecos son verdaderos tesoros familiares y se han conservado como reliquias devocionales, de generación en generación. Sobreviviendo a los tiempos y terremotos, gracias a lo entrañable de su significado, a su devoción y a la ternura que provocan entre los creyentes.

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