Cincuenta y cinco años. Desde muy joven, experimentado piloto aviador de helicóptero y avión.
Guatemalteco, destacado miembro de la Comunidad Judía.
Estudió en el Colegio Americano de Guatemala, de donde se graduó en 1974.
Ingeniero Industrial de NC State University y luego sacó un posgrado en otra universidad en EE.UU.
Recién egresado de la universidad, tuvo que hacerse cargo de los negocios textileros de su padre, Alberto Habie Mishaan, quien fue asesinado cuando fungía como presidente del CACIF en 1980. Actualmente empleaba a más de 5 mil personas, que colaboraban con él en sus diferentes y exitosas empresas –fábrica de telas, planta de combustibles, gasolineras, industria hotelera, construcción de viviendas y una hidroeléctrica– entre otros.
Lo sobreviven su mamá Sarita Nigrin de Habie, su hermana Leah Habie de Allen, su esposa Mariana y sus cuatro hijos Danny, Alex, Michelle y Uri.
Junto a Johanna Timeus, estuvimos juntos en el Colegio Americano. Joey era re-molestón y simpático. Podría decir que no era uno de los alumnos más destacados, sin embargo, ya en quinto bachillerato, con poco esfuerzo mejoró sus calificaciones notablemente y se graduó en “speed up” (curso avanzado) antes que el resto de nuestra promoción, para ingresar todavía en agosto de ese mismo año a la universidad. Era muy sano y sin vicios. Excelente deportista, sus mayores pasiones, el buceo y el ciclismo. He tenido la suerte de ser gran amiga de su hermana y primas. Siempre nos mantuvimos muy cercanos y en varias oportunidades recientes, nos llevó con los cuaches Escobar y María Girón a visitar sus impactantes proyectos. Tenía fama de ser demasiado exigente y enojado, considero que no podía ser de otra manera pues si alguien le incumplía, se interrumpía la labor del inmenso hormiguero que tenía a su cargo. También sabía reconocer y premiar el esfuerzo de los que hacían las cosas bien: los mejores testigos son sus empleados de tantos años que aprendieron a trabajar a su ritmo y fueron parte de sus notables éxitos, un verdadero líder. Nunca dejó de fascinarme su humildad y sencillez, su inagotable ingenio…. El Canche, como cariñosamente le llamamos, era un tipazo, de esos que tanta falta hacen en Guatemala. Visionario, honesto y trabajador incansable, pero más que todo un grandioso y muy generoso amigo que jamás desamparó a sus compañeros cuando se vieron en alguna necesidad. Qué pérdida tan tremenda para su familia, para sus amigos y para este país… ¡Descanse en paz!
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