En Guatemala, el hip hop cada vez aglutina a más cantidad de jóvenes y se está convirtiendo en punto de cohesión para reivindicar temas sociales y en un bien de minorías. De por sí ya es una cultura, que al menos en las áreas urbanas empieza a calar hondo. Tan es así, que recién el Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos (CALDH) y las asociaciones Trasciende y Caja Lúdica apoyaron la realización del primer teatro-musical hip hop en el país, de nombre La danza de la vida.
La obra da mucho de sí. El disc jockey, los percusionistas, los raperos, los bboying, más los actores (más de 20 jóvenes), se dejaron guiar por Kamé, uno de los pioneros del rap en Guatemala e integrante habitual de Alioto Lokos y Bacteria Soundsystem. Pues bien, a él se le confió la tarea de dirigir, producir y musicalizar esta obra, aspecto que le da legitimidad al trabajo. Para quien no lo sabe, Kamé vivió su niñez en el asentamiento Mario Alioto López, Villa Nueva.
La pieza habla sobre los problemas de violencia, injusticia e incomprensión que viven los jóvenes de los asentamientos y áreas marginales del país. Si no son los grupos criminales es el Estado, con sus autoridades responsables de la “seguridad” ciudadana, que partiendo de estigmas, marginación, raza y condición social, echan a andar prácticas de control y agresión insospechada y nauseabunda.
El canto de la vida le pone voz al sentir de miles de jóvenes que reclaman vivir en paz y libertad. De ahí que a lo largo de la obra se escuchen expresiones como: “no por ser diferentes tienen que matarnos”, “lo que queremos es vivir como queremos. Eso es todo” o “aunque no tengamos pisto, queremos vivir en paz”.
Se aplaude el trabajo no solo por lo que lleva implícito, sino por buscar la originalidad al mezclar elementos tribales y mayas con lo futurista, así también por el desempeño de los participantes. Se palpa que es hecho con el corazón, con creatividad, disciplina y compromiso. Sin mayores alardes escénicos, sin más que el uso de la palabra (por ratos poética), la actuación, la danza y la música.
Ojalá se organice una temporada para todo el público, tanto en la ciudad como en los departamentos. Es una pieza que toca el corazón, apela al cambio, a la tolerancia y al despertar de conciencia sobre el tema –que los medios de comunicación invisibilizan. Si algo tiene el hip hop es que busca resultados, no medios, y aquí está la prueba.
Mondosonoro2003@yahoo.com.mx
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