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Guatemala, viernes 17 de agosto de 2012

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laColumna:

Estado fuerte

Andrés Zepeda

Fuente menor Fuente normal Fuente grande

Dos semanas atrás escribí que la familia Novella ha logrado dominar el mercado nacional del cemento a fuerza de restringir la libre competencia.

 

Algunos piensan que afirmar algo así supone, de plano, a) haberse vendido a Cementos Tolteca, b) preferir lo extranjero en vez de lo nacional, c) crear una imagen negativa para nuestro país y, en suma, d) ser un ‘mal’ guatemalteco.

 

Resulta, entonces, que criticar el acaparamiento de mercados basta para ser acusado de traición a la patria, pero los clanes familiares cuya meteórica prosperidad descansa en el hecho de no dejar que otros entren al ruedo en igualdad de condiciones, esos sí, faltaba más, merecen ovaciones de gratitud y pleitesía por poner en alto los colores de la bandera chapina y, de paso, abrir puestos de trabajo (¡vaya, qué magnanimidad, por dios!).

 

No se trata aquí de ensañarse con ningún nombre ni apellido en particular. De hecho, considero comprensible que cada uno haga todo lo que esté a su alcance por ensanchar y consolidar sus respectivas operaciones empresariales. Es lo que ocurre en todo el mundo –o casi. Lo que llama la atención es que tales prácticas suelen llevarse a cabo olímpica e impunemente de espaldas al interés del resto (que somos aplastante mayoría), a fuerza de yugular la circulación del dinero. Y lo que ya de plano raya en la infamia es que el Estado interviene –si es que lo hace– en su calidad de cómplice o, más grave aún, de sirviente. Espero que queda claro ahora por qué la necesidad de contar con un Estado (ya no digamos grande ni pequeño ni mediano pero sí, urgente y decisivamente) fuerte.

 

>lacajaboba@gmail.com

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6 comentarios:

  1. Anibal Perez: (2012-08-18 15:11:29 horas)
    No se engañen: a mi parecer, el Bobo no se disculpa, no hace aclaraciones, no hace mea culpa; simplemente se adapta, es cauto, conocedor él de la idiosincracia chapina, de las terribles falencias que nuestro país ostenta colectivamente cuando toca temas sensibles dados a malísima interpretación y peor reacción. Nuestra historia nacional reciente es, como todas, cambiante, dinámica y no necesariamente fluída: hemos tenido épocas sangrientas y todavía se mantiene la maraña tejida desde hace 2 siglos en todos los estamentos nacionales: desde en el Estado hasta en la conciencia colectiva.. Basta leer acerca del actualísimo caso del "usufructo" de Puerto Quetzal para tener una idea de cómo el Estado ha sido desnaturalizado: llevemos esa imagen un siglo atrás y tendremos bastante claro nuestro estancamiento, nuestro revés, nuestra falta de armonía social y, finalmente, porqué es el ciudadano el que está al servicio del Estado no al contrario, como debería ser y queremos que sea. Fundar una empresa en esencia es buscar lucro, independencia económica, realización personal; esa visión romántica se desploma en países como el nuestro en que el Estado es una caricatura y, por lo tanto, toda nuestra imagen de país, de colectividad. Todavía es reciente el encono despertado a través del problema Arjona, de la Cerve y, ahora, del cemento. Ir a través de ellos y mostrar crítica aguda y sustentada, es el reto: no quedarse en la descalificación gratuita, rápida, fácil como la que el Bobo tiene a bien evidenciar hoy aquí. Paralelo al contenido de esta columna, recomiendo la lectura de Ana María Cofiño, "la melcocha como sujeto de análisis", que complementa esta columna y nos alumbra un tanto nuestro accidentado camino de lograr un país un tanto mejor.
  2. Roberto Ximenej: (2012-08-18 10:46:10 horas)
    Cuando el estado no solo es configurado, pero configurado para que dependa hartamente de CACIF, es imposible que los monopolios no jueguen un papel esencial pero determinante. Es más, la estructura del gobierno se vuelve una identidad mas del que hacer monopolístico, ya no tan solo del que hacer económico, pero de los capitales que los manejan. Ejemplo de esto fue como la revolución industrial termino con la necesidad de nuevas estructuras económicas, que de nuevo, siguen el mismo camino y se han vuelto instrumentos tan solo de grandes capitales y de poco beneficio a nadie más, pero que a la larga, ya llevan su cáncer mortal en los genes y nos afectan a todos.
  3. Manuel Aler: (2012-08-17 13:42:53 horas)
    Parafraseando la célebre frase: "El Estado lo configuro yo" (CACIF)
  4. Carlos Perez: (2012-08-17 12:45:17 horas)
    Lo aplaudo por decir públicamente una gran verdad que ningún medio de comunicación "independiente" ni político se atreve a decir en este país. La prohibición de monopolios y oligopolios, así como sus prácticas, están totalmente prohibida por nuestra Constitucionón, pero no se aplican. Ni modo, si de ellos (y de los narcos también) sale la marmaja para las campañas políticas, por eso aquí conviven impunemente los monopolios, oligopolios y los narcos de todas las denominaciones.
  5. Irineo Atanasio Bolivar Quisquinay: (2012-08-17 10:30:01 horas)
    FUERTES CON EL ESTADO. Aquí son fuertes con los recursos del Estado, los politiqueros y empresaurios. El primer artículo de la Constitución dice: “El Estado de Guatemala se organiza para proteger a la persona y a la familia; su fin supremo es la realización del bien común”. ¿Y que tenemos? Desalojos de familias que invadían terrenos de ejército. ¿Desde cuándo los terrenos del Estado que pertenecen al pueblo pasaron a manos de los militares y terratenientes? El Segundo artículo dice: “Es deber del Estado garantizarle a los habitantes de la República la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz y el desarrollo integral de la persona”. ¡Que tremenda violación! Libertad limitada, injusticia social, y subdesarrollo popular. El cuarto artículo dice: “En Guatemala todos los seres humanos son libres e iguales en dignidad y derechos. El hombre y la mujer, cualquiera que sea su estado civil, tienen iguales oportunidades y responsabilidades. Ninguna persona puede ser sometida a servidumbre ni a otra condición que menoscabe su dignidad. Los seres humanos deben guardar conducta fraternal entre sí”. Aquí tiene mayor dignidad y derechos, quien más dinero tiene, esa es la ley del más fuerte. Las personas del campo no tienen la misma oportunidad que los capitalinos. Pero tanto en la capital como en la provincia, los patronos han sometido a la servidumbre y esclavitud a sus empleados, pagándole miserables salarios. Y para colmo deben agradecerles la oportunidad de empleos con explotación de mano de obra barata. En la sección tercera los artículos del 66 al 70 se refieren a las comunidades indígenas, a la protección de los grupos étnicos y sus tierras; pero qué tenemos, racismo, marginación, violación de la minerías e hidroeléctricas que han invadido sus territorios contaminando sus ríos fuentes de agua para sus vidas. Por último, para cerrar con broche de oro. Supuestamente para que exista libertad empresarial y libre competencia, el artículo 130 de la Constitución de la República prohíbe los monopolios y privilegios. Sin embargo eso se lo pasan por el arco del triunfo las familias oligarcas. y ya vienen los españoles a Conquistar con privilegios Puerto Quetzal. Es una gran paja que el Estado proteja la economía de mercado e impida las asociaciones que tiendan a restringir la libertad del mercado que perjudican a los consumidores.
  6. Ricardo Berganza: (2012-08-17 08:47:44 horas)
    Comprobado está, que el mercado tiende al monopolio, especialmente en gallineros político-económicos como Guatemala. Eso del equilibrio del mercado que tanto proclamó Popper y las manos invisibles (que no existen) no se lo creen los que realmente saben de negocios. Por eso es indispensable que haya REGULACIÓN y como dice el columnista, se necesita un Estado Fuerte. No se puede pensar en regulación con el remero de Gobierno que tenemos, supeditado a las donaciones de campaña y a los favores personales. Y no estoy criticando solo al PP. Esto ha sido deconstruído a lo largo de muchos años. El Estado tiene roles indelegables, y no hay otra vía que hacerlo crecer otra vez, le pese a quien le pese, y sabiendo que corrupción habrá, en lo PRIVADO y en lo PÚBLICO, pero en lugar de rasgarnos las vestiduras, junto al esfuerzo de fortalecer el Estado, debemos exhibir nuestra creatividad para que esta vez sea un Estado más transparente. Recuerden que la opacidad favorece la corrupción, y la corrupción tiene dos manos, la que ofrece y paga, y la que recibe. Las dos igual de sucias.
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