¿Se comparte el diagnóstico de la crisis estructural?
Por lo general las Constituciones se tocan cuando hay crisis abiertas y debe institucionalizarse un nuevo orden, tras golpes de Estado o revueltas populares. Así fue en la historia inmediata: 1945, con la Revolución de Octubre; 1956, tras derrocar a Jacobo Árbenz; 1965, con el régimen de los coroneles; y 1985, con el retorno a la democracia. La reforma de 1993 ocurrió tras el golpe de Serrano, y la de 1999 (que no pasó) se invocó para entronizar los Acuerdos de Paz.
¿Cuál es el leitmotiv de la reforma en 2012? Para algunos no hay crisis política abierta que la justifique en la coyuntura. Para otros las taras del aparato estatal y sus secuelas no se atajan tocando la Constitución; es más, la reforma podría friccionar los poderes del Estado y los poderes fácticos.
Es indispensable reiterar a la sociedad el leitmotiv de la reforma. Cuando el presidente Otto Pérez nos convocó a 7 personas (incluyendo 4 miembros de su gabinete), explicó las dificultades de gestión en estos primeros meses. Todos argumentamos las debilidades del Estado en su misión de cohesionar a la sociedad, alejar las amenazas criminales y mitigar la porosidad. Se discutieron dos vías no excluyentes: la reingeniería institucional y la reforma constitucional.
Tras su discurso ante el Congreso el 31 de mayo, fue claro que el mandatario se había inclinado por promover cambios en la Constitución. Y el grupo convocado trabajó sobre esa línea durante las siguientes 3 semanas.
Las preguntas del debate ahora son: ¿se comparte el diagnóstico de la crisis estructural del Estado? ¿Los cambios propuestos a la Constitución nos ayudarán a: 1) tener un mejor sistema de justicia, 2) avanzar en la doctrina de la seguridad democrática, 3) cerrar chorros del gasto discrecional, 4) integrar mejores legislatura en las próximas décadas, con partidos políticos que reflejen mejor las partes sanas de la sociedad, 5) dar un paso adelante en el reconocimiento de derechos e identidad de los pueblos indígenas y 6) fortalecer la base financiera del Estado por una vía alterna a la tributaria?
Esta vez la diferencia, en relación con las Constituciones confeccionadas hasta 1985, es que la sociedad expresa de manera vibrante su pluralidad, es políticamente más libre y los vasos comunicantes entre sectores con intereses disímiles son más fluidos. Si esta propuesta desata un debate abierto e informado sobre el Estado democrático necesario en el siglo XXI, habrá valido la pena.
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
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