La guayaba tiene dueño, el libro que publica Jorge Serrano Elías para defender su breve y accidentado período presidencial, finca su valor no tanto en su estilo literario o las escasas revelaciones que hace sobre la historia política reciente del país, sino en la manera tan clara con que describe la personalidad del autor.
En el campo de la psicología política, el análisis de contenido de textos autobiográficos es utilizado para establecer las características sicológicas de los líderes que los producen para entender sus actuaciones y decisiones. Es poco probable que un político acepte someterse a una entrevista que dilucide sus rasgos de temperamento, motivos, cogniciones y que permita deducir cómo concibe su contexto social; por eso, un el libro escrito por Serrano da valiosas pistas para conocer la personalidad de su autor como un factor importante en su elección de políticas y en su desempeño en el gobierno.
Basta con una lectura superficial para notar el escamoteo que el autor hace del autogolpe del 25 de mayo de 1993, cuando suspendió la vigencia de 46 artículos de la Constitución, disolvió la Corte Suprema de Justicia, la Corte de Constitucionalidad y el Congreso y destituyó al Procurador General de la Nación. Serrano opta por describirse como víctima de un complot que empezó en 1992 y culminó el 1 de junio de 1993 con su salida de la Presidencia. Omite mencionar que su derrocamiento fue consecuencia del rompimiento provocado por él 6 días antes.
Menciona que fue electo con el 68 por ciento de la votación, pero no nos pone en autos de que en la primera ronda electoral había queda en segundo lugar, detrás de Jorge Carpio, con 24.1 por ciento de los votos válidos (el actual presidente Otto Pérez fue primero en la primera vuelta de 2011 con un 36.1 por ciento). Señala que gracias a la popularidad de su gobierno sus candidatos a alcalde obtuvieron el 50 por ciento de los votos en las elecciones de marzo de 1993, pero elude decirnos que hubo 70 por ciento de abstencionismo.
Estos pocos ejemplos, sumados a las menciones de Otto Pérez, Ramiro de León Carpio, los medios informativos y el grupo Gutiérrez, entre otros, como causantes de su desgracia, nos llevan a pensar que Serrano puede estar sufriendo de narcisismo patológico. Las personas afectadas por este trastorno de personalidad, según dicen las siquiatras españolas Pastorelli, Bañon et al, tienen un sentido grandioso de su importancia. Se conciben a sí mismas como únicas, innovadoras, pioneras, precursoras de cambio. Viven fantasías de poder ilimitado y éxito. Exigen admiración de quienes le rodean a la vez que son incapaces de experimentar empatía. Son hipersensibles a la crítica, envidiosos de los demás y carecen de conciencia y culpa respecto de su conducta. (http://www.psiquiatria.com/bibliopsiquis/bitstream/10401/5329/1/17conf23%2054645.pdf).
Serrano se fue y es improbable que vuelva. Pero su partida no extinguió el narcisismo patológico, porque este trastorno de la personalidad es endémico en la clase política guatemalteca. www.gustavoberganza.com
Este espacio es para promover el diálogo, compartir, discutir y argumentar sobre el artículo publicado, únicamente.
Se prohíben mensajes que contengan:
Nos reservamos el derecho de editar o eliminar cualquier mensaje que no cumpla con las condiciones anteriores. Y de ser necesario bloquear a usuarios.
Al participar, acepta las reglas y el aviso legal.
31 comentarios: