Las últimas semanas me las he pasado como correcaminos recorriendo la patria, redescubriendo de ciudad en ciudad la maravilla de un territorio donde cambia el clima tras apenas breves recorridos en tiempo y kilómetros, porque el paisaje de lagos y volcanes muta de piel y color. Un país que es muchos y uno solo al mismo tiempo, prodigio de gran potencial y riqueza si quisiéramos explotar la veta del turismo. Vivimos en un país exuberante, pero donde el crecimiento desmesurado de la población, la falta de educación, la pobreza y la ausencia de planificación alimentan el caos urbano en el interior.
Qué diferencia se siente al ingresar a la Capital, donde sobresale la limpieza, la buena apariencia de las vías principales, el remozamiento de las entradas a las colonias, la construcción imparable de pasos a desnivel, los bordillos pintados, las aceras recuperadas, la señalización moderna, los jardines y parques bien cuidados por todos lados y con el Centro Histórico renaciendo. El mismo sentimiento se percibe cuando uno regresa de las capitales de los países centroamericanos vecinos, que son opacadas por nuestra moderna urbe. El gradual cultivo de áreas verdes en todas las zonas está consolidando la posibilidad futura de que nuestros descendientes puedan seguir respirando aire puro y se protejan de la contaminación que produce la saturación vehicular que ha colapsado nuestras calles.
Lo curioso es advertir que a la Municipalidad que ha logrado lo que todos vemos se la ataque tanto, y sean más duros contra el Alcalde que contra políticos sin obra, y que estén empezando su acción tan temprano si aún faltan más de 3 años para las elecciones. Ojalá que quienes estén detrás no tengan planificado tomar la Municipalidad para que sea como el Congreso, donde se pierden millones a diario y no vemos nada a cambio, o los hospitales donde tiran la plata en medicinas sobrevaloradas que luego se desperdician mientras los guatemaltecos mueren haciendo cola en la calle, o la Policía con sus baterías de carro arruinándose en las bodegas, o el regalo a discreción de millones en abono que llega tarde a los surcos nacionales.
Por ahora lo único importante es que la ciudad de Guatemala luce radiante en las partes colectivas, aunque esté colapsada por tanto vehículo y gente que viene a trabajar y retorna a diario a sus ciudades dormitorio en los municipios vecinos. Una ciudad con los problemas de toda ciudad grande, aunque avanzando en contra de la voluntad de quienes cometen faltas, transgreden las normas, tronchan árboles, tiran basura y se roban los basureros.
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