Ricardo Gómez Gálvez, Consultor del Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria
Tres visiones sobre un tema: la reforma política cuya discusión se da ya en diversos foros a los cuales ha convocado la Comisión Específica de Asuntos Electorales del Congreso de la República. Mañana se conocerá el punto de vista de un diputado.
¿Cuán importante es discutir el financiamiento de campañas y partidos políticos?
– Es el tema clave. No puede generarse la necesaria y saludable autonomía en el sistema político sin fortalecer la creación de partidos vigorosos, verdaderamente representativos, permanentes y programáticos. Lo anterior solo se logra mediante el financiamiento público. El Estado tiene que sufragar a los partidos, ya que estos son espacios de intermediación entre el Gobierno y la ciudadanía; entes de derecho público.
¿Qué papel juegan las contribuciones de particulares?
– Son válidas, siempre y cuando estén reguladas y limitadas.
¿Cuán limitadas?
– Depende de muchos factores. Al referirnos a un mundo ideal, lo deseable es que los partidos no obedezcan a intereses privados, porque el bien común está de por medio. Sin embargo, parece que no se lee ni se estudia la Constitución.
¿Cómo transparentarlas? Muchos se escudan en que sus financistas pueden sufrir “represalias” si se dan a conocer sus nombres.
– Si tienen algún temor, que simplemente no contribuyan. Volvemos a lo mismo: es preciso garantizar el financiamiento público. Puede haber un espacio para aportes privados, los hay en todos lados, pero con limitaciones. Estos deben de ser fuentes secundarias de ingresos y contar con techos y controles especificos vinculados con el tema fiscal: deducibles de impuestos sobre la renta como donaciones con fines de utilidad pública.
¿Es necesario reducir el número de diputados?
– El tema está mal abordado. El problema no es el número, sino su representatividad genuina. Quisiera que todos los guatemaltecos tuviésemos nuestro representante en el Parlamento: que supiéramos quién es, dónde vive y lo conociéramos, como en la mayoría de las democracias maduras.
Para lograr lo anterior, ¿es necesario eliminar el Listado Nacional?
– Se puede discutir. Hoy pareciera ser un paraguas para la élite partidaria. Pero podría cambiarse su visión y, en vez de servir a los intereses de organizaciones políticas, representar a la élite ilustrada de un país formado por pueblos, como lo reconocen los Acuerdos de Paz. Guatemala está conformada por los pueblos maya, garífuna, xinca y ladino. Esos 20 diputados podrían representarlos.
Se ha dicho mucho que los legisladores no aprobarán reformas que vulneren sus intereses. ¿Qué opina?
– De ello no puedo comentar. Soy un profesional al servicio de una institución internacional.
¿Sería ideal que los delitos electorales queden tipificados en el Código Penal?
– Así es como debe ser. Crear delitos especializados o privativos no tiene caso. Es necesario modificar el Código Penal e incorporar un capítulo específico.
¿Es ello suficiente para que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) se fortalezca y pueda imponer las sanciones para los que no está facultado?
– No. Creo que debe conformarse un órgano administrativo sólido e institucional que le quite al TSE las funciones de control y fiscalización administrativas.
¿Establecer una fiscalía electoral?
– No necesariamente. Podría ser un instituto nacional electoral y este incluir al Registro de Ciudadanos y otras dependencias como un departamento de fiscalía que tramite las sanciones.
¿Es deseable reducir el tiempo de campaña a 60 días?
– Es un punto central. Para poder resolver el problema que enfrentamos es preciso tener campañas muy cortas, de 90 días como máximo, techos de inversión clarísimos, financiamiento público y penas muy severas para quienes trasgredan las normas vinculadas con el proceso.
¿Cuán importante es establecer la diferencia entre proselitismo y campaña?
– Es preciso introducir estas nociones conceptuales en la reforma política, para establecer cuándo el partido hace su trabajo ordinario.
¿Es necesario discutir los requisitos para fundar un partido y que requiera de un número mayor de afiliados?
– Sería bueno empezar a pensar en partidos políticos nacionales y partidos políticos departamentales. Quien quiera tener una participación acotada al Congreso y a las corporaciones municipales, que lo haga por medio de una organización departamental. Un partido con presencia en 50 municipios no puede llamarse nacional.
¿Cómo fortalecer la generación de cuadros dentro de las organizaciones?
– Mediante dos elementos centrales. El primero, desgraciadamente, es el financiamiento. Sin dinero no se puede hacer mayor cosa. El segundo, fortalecer ideológica y programáticamente a los partidos. Ello no debe ajustarse a los términos del siglo XX, sino a los de los tiempos presentes, en que todo lo relacionado con pluralidad o convergencia democrática es aceptable.
¿Superar el discurso izquierda versus derecha?
– Los partidos pueden formarse a partir de un planteamiento ideológico doctrinario que abra sus puertas a quienes comparten un programa democrático definido. Su inspiración puede ser de diferente cuño, en comparación con el siglo pasado. Yo no veo por qué socialcristianos, socialdemócratas y liberales de verdad, que en este país no ha habido nunca, no puedan converger.
¿Es suficiente reformar la Ley Electoral o sería más conveniente convocar a una Asamblea Constituyente para abordar estos temas?
– No necesitamos convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. Eso es una trampa. La ley deja suficiente espacio como para que se puedan hacer todas las modificaciones que se hacen necesarias para reformarla. Los cambios al financiamiento público se abordan por la vía fiscal, no haciendo cambios a la Carta Magna. Al referirnos a la administración de procesos electorales, Guatemala posee uno de los sistemas de más alta participación y eficaces de América Latina. Si lo que nos interesa es fortalecer internamente a los partidos, lo necesario es tener partidos orgánicos. Este tema se menciona demasiado y se justifica poco.
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