El principal síntoma de la crisis económica por la que atraviesa nuestro país es el creciente desempleo, derivado de la desinversión, del cierre y quiebra de empresas, de la falta de nuevas fuentes de trabajo y del clima desfavorable para los negocios, debido a la inseguridad, la conflictividad y la provocación.
Sin duda, hay factores incontrolables de la crisis económica como el alza de los combustibles y los alimentos en el mercado internacional. Sin embargo, hay otros factores económicos de la crisis que han sido estimulados por políticas gubernamentales contraproducentes, como decretar nuevos impuestos a la clase media (medianos y pequeños empresarios, profesionistas, tecnócratas y asalariados) que han generado desconfianza, incertidumbre, inestabilidad y zozobra entre los agentes económicos.
A nadie escapa, a estas alturas, que los índices de desempleo y subempleo en el país se están elevando de forma dramática, lo cual está redundando automáticamente en la pérdida de poder adquisitivo y de consumo de la población, cuyas consecuencias inmediatas son la desesperación y la violencia generalizada.
El incremento de la actividad del crimen organizado (narcotráfico, contrabando, robo de vehículos, secuestro, lavado y tráfico de madera y de armas) y la acción creciente de la delincuencia común, son el reflejo de la descomposición social que nos ahoga y asfixia.
Inequívocamente, la única puerta de salida al desempleo y subempleo es la constante emigración de guatemaltecos hacia mercados de trabajo más amplios y redituables, como el estadounidense, lo que, de alguna manera, también alivia nuestra situación macroeconómica a través de las remesas familiares, que se han convertido en uno de los principales generadores de divisas para Guatemala.
En todo caso, la emigración, aunque lo ha aliviado, no ha atajado el problema del desempleo y subempleo, el cual es mayúsculo, sobre todo si consideramos las grandes cantidades de jóvenes guatemaltecos que anualmente se incorporan al mercado de trabajo, y que hoy por hoy les es sumamente difícil conseguir empleo. Ya no digamos los que pierden sus empleos por recortes o cierre de empresas.
La única solución viable es que, a través de un gran consenso nacional, liderado por el Gobierno, se devuelva la confianza y la certeza a los agentes económicos, para que la economía nacional se reactive. De lo contrario, lo más probable es que las cosas empeoren y que la desesperanza nos avasalle.
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